jueves, 9 de julio de 2015

Aterradora conversión

"Papá, no encuentro mi mochila", oigo desde el pasillo. Es una típica mañana de entre semana, con sus típicas carreras para tenerlo todo listo antes de salir, la típica lucha con peines y cepillos de dientes, y los típicos problemas de última hora. Yo trato infructuosamente de domar los mechones rebeldes que asoman con extraños ángulos desde mi pelo. "¡Papá, mi mochila! No la encuentro", se oye de nuevo, esta vez desde el comedor.

"Está en tu cuarto", respondo sin prestar demasiada atención, satisfecho de los logros hasta ahora conseguidos con mi peine. "Papáaaaaaaaa, no está en mi cuarto," repite la voz esta vez desde otro punto de la casa. "Mira bien, que seguro que está en tu cuarto", grito mientras lucho sin mucho éxito contra los últimos rizos rebeldes. Miro el reloj. No hay más tiempo. Así se quedan.

"Papáaaaaaaaa, ya he mirado y no está". Deberiamos estar ya en camino de la guardería y no aún en casa, sin zapatos y con la bolsa a medio preparar. "¡Papáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!".

Y entonces ocurre. Mientras me pongo las sandalias sentado en el suelo del recibidor, digo muy serio y en voz muy alta "Mira bien en tu cuarto, seguro que no has buscado bién. ¿A que voy yo y la encuentro?". De pronto, el horror. Una expresión oscura me transfigura el rostro, mi mente perdida en la terrible y súbita comprensión de un hecho:

De alguna manera, y sin haberme dado cuenta yo de ello, me he convertido en mi propia madre.

domingo, 25 de enero de 2015

...al final del tunel

Hace ya mucho tiempo publiqué una entrada en este cuaderno de vida llamado Un rayo de luz. En él daba cuenta de un descubrimiento fortuito, que parecía de alguna manera responder a muchas de las preguntas existenciales que me atormentaban en aquel momento. Era genial. De pronto muchas piezas parecian encajar de golpe para mostrar algo: un patrón, una dirección.

Solo había un problema. Era un texto que hablaba de superdotados, y suponer que las soluciones que se daban me podían ser útiles era suponer que yo era un superdotado. Nada más escribirlo ya empecé a sentirme molesto. Me disculpé en los comentarios con la sensación de estar siendo petulante, e incluso así llegó a ser percibido por algún lector de esta bitácora, que inmediatamente me lo hizo notar.

Y así sucedió que decidí ignorar mi descubrimiento, y el post, y todo lo que pudiera estar relacionado con él.

Y el tiempo pasó, y no fué hasta que llevaba un tiempo viviendo en mi nueva ciudad, que volvió todo de pronto a mi cabeza. Las mismas preguntas sin respuesta rondaban en mi mente, los mismos problemas que seguían atormentándome. Y esta vez sí, con ganas de mirar la situación de frente.

Y no me arrepiento de ello.

Al final me atreví a hacer un Test de Inteligencia a traves de Mensa en Alemania, y al cabo de unas semanas me mandaron a casa una carta con tres sigmas y una invitación para unirme al club.

Con eso, también unos años de asesoramiento y terapia. De descubrirme a mi mismo y de conocerme mejor. Y sobre todo de aprender a no avergonzarme de mi mismo.

Ser superdotado no es algo de lo que estar orgulloso. Uno nace así. Yo no he hecho nada para ser así, sino que venía conmigo cuando nací.

Pero al mismo tiempo no es algo de lo que avergonzarse. Muchas veces tengo la sensación de que la gente no entiende lo que se siente. Te miran como si se sintieran amenazados o insultados, o como si creyeran que tratas de hacerles sentir inferiores y se colocan a la defensiva. Y no es para nada así.

Ser superdotado tiene ventajas pero también muchos inconvenientes, sobre todo si no se aprende desde pequeño a vivir con ello. Requiere de ayuda profesional en muchos casos, al igual que la necesitaría gente con problemas de aprendizaje.

Ahora tengo en casa una buena colección de libros sobre el tema, y sigo descubriendo cosas nuevas, métodos para mejorar, maneras de sacarle aún más provecho y disfrutar mejor mis habilidades.

Al fin, ese rayo de luz, me ha guiado al final de tunel.

sábado, 24 de enero de 2015

Balance

Hoy fué un buen día. Un día para hacer balance. Para ver todo lo bueno y todo lo malo, todo lo que vivido hasta el momento y sopesar lo que queda aún por andar.

Hoy cumplí exactamente cinco años viviendo en la ciudad que amo. Cinco años que, ahora que tengo un poco de tiempo para reflexionar con calma, han dado para mucho.

Cinco años para conocer a mi Significant One, para casarme, para tener un churumbel y verlo crecer unos buenos pocos años. Para terminar cosas pendientes y cerrar heridas abiertas. Para meterme de nuevo en la universidad, y disfrutarla y sufrirla como no pude hacerlo en su momento. Para trabajar y disfrutar trabajando en algo que me entusiasma. Para descubrirme y reinventarme. Para asumirme y perdonarme muchas cosas. Para atreverme a aceptarme y a lanzarme al vacio sin red, pese a que al final si había red, aunque yo no quisiera verla. Para hacer esa prueba que llevaba dos decadas esperando y que siempre he tratado de evitar, y que al final resultó ser un simple paseo en barca y que me ha regalado tres fantásticas sigmas para curar un poco mi ego. Para conocer a tantas y tantas personas, y en concreto ESAS personas que han hecho de la vida algo aún más bonito de lo que ya es.

No se que me espera en el futuro. Solo sé que si es solo la mitad de bueno de lo que han sido estos últimos años, ya vale la pena.

Y para rematar la faena, la noticia, hoy mismo, de que he sido tío por primera vez en mi vida. Y debo decir que es algo realmente bonito.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Proceso de escritura

Miedo al papel en blanco. Miedo a una lengua que no es la mía y a un lenguaje, el científico, que desde hace mucho creía olvidado. Miedo a no estar a la altura. De lo que los demás esperan de mí, de lo que yo mismo espero de mí, de lo que sé que puedo hacer. Y por delante treinta páginas. Un experimento que ya tengo en mente y que conozco de memoría. Y sobre todo, poco más de un mes.

Mi desafío empieza ahora...

lunes, 25 de agosto de 2014

Lo intenté

Intenté que lo vierais con vuestros propios ojos, que lo experimentarais como hace ya unos años yo también lo hice. Intenté condensar en apenas tres días toda la magia de esta ciudad. Quería que supierais qué fue lo que me enamoró de esta urbe, qué fue lo que me hizo dejar atrás mi vida anterior y lanzarme a la aventura de lo desconocido.

Intenté que aprendierais de primera mano que aún os echo de menos, que mi decisión resultó en gran parte un sacrificio, de nuestra historia, de nuestro futuro, para nada exento de dolor.

Necesitaba haceros comprender que no podría haber sido de ninguna otra forma. Que mi destino estaba aquí, esperándome. Que en ningún otro sitio iba a poder tener las mismas oportunidades de encontrarme. Que amo esta ciudad desde el primer momento que puse el pie en ella.

Y lo intenté con todas mis fuerzas. Solo lamento esa sensación de no haberlo logrado.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Jardín de infancias

Un inesperado efecto secundario de este nuevo inicio de ciclo ha sido redescubrir cuán feliz me hace la llegada del otoño.

No el otoño de la gota fría, ni el de los cielos grises, sino el de los cielos azules y el sol perezoso, el de la brisa fresca y las hojas de miles de colores alfombrando las calles.

Eso y el hecho de que mi pequeño churumbel empieza ya a ir a la guardería, han conseguido hacerme volver de improviso a mis primeros otoños: esa libertad que da no tener responsabilidades, solo unas ganas tremendas de descubrir el mundo. Nuevos amigos, nuevos juegos, el olor de los recien estrenados libros de texto, o los lapices y colores, los todavía inmaculados cuadernos. De alguna manera, en el poco tiempo que paso en el jardín de infancia, ahora que mi crio aún se está acostumbrando, vuelven a mí cientos de recuerdos, de emociones, de olvidados sentimientos y aunque sea por unos pocos minutos me siento tan feliz como solo un niño puede serlo.


domingo, 11 de agosto de 2013

Ciclos

No sé cómo ha ocurrido. Ha sido tan rápido que apenas me he dado cuenta. Al descuido, con premeditación y alevosía... un instante perdido en una tarde repleta de risas, reencuentros, buenas historias y deliciosa comida sobre la hierba.

Todas las piezas estaban sobre la mesa, y ha bastado un solo movimiento para que todo encajara, para que este creciente desasosiego, esta oscura ansia, saliera a la luz.

Un leve soplo de viento en la hora mágica de la tarde, la súbita memoria de un final de verano, y aquí estoy de nuevo, escribiendo en este viejo blog.

Y en la mente una idea: no dejar que muera, empezar un nuevo ciclo, engrasar de nuevo los oxidados engranajes que me han permitido escribir tantas y tantas entradas. De alguna manera, hacerme el favor a mi mismo de preservar como soy, como estoy y como vivo para que mi futuro yo pueda disfrutar de la lectura de este blog como he hecho yo esta tarde.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Denunciando que es gerundio

Leo en las redes que por fín alguien se ha dignado a tomar medidas contra los profesores que tratan de adoctrinar en las aulas. Una iniciativa de los cachorros del PP en Castellón va a poner fin a las tropelías de tantos y tantos profesores desalmados. Yo, como buen ciudadano que soy, ya he remitido mi denuncia anónima que hago pública ante los lectores en este humilde blog:

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  Hola!!
quería denunciar que profesores de todo el país están tratando de adoctrinar a nuestros hijos. Se trata de personas que en muchos casos no tienen ningún título, no han pasado ninguna oposición y pese a ello se atreven a meterse en clases repletas de chicos y chicas a inculcarles ideas e ideologías, promoviendo una manera de pensar que se opone radicalmente a que los alumnos puedan sacar sus propias conclusiones, y les prodigan algo que dista mucho de ser una educación neutra e imparcial. Y todo ello mientras reciben dinero de nuestros impuestos. Son los profesores de religión y desgraciadamente el Estado por ahora les ampara. Creeis que se podría hacer algo? Lo podéis investigar? Es un tema que me trae de cabeza ultimamente...

Muchas gracias

M

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PS: Dudo mucho que me llegue una respuesta, pero si la hubiera la publicaré sin falta.
PPS: Llamar cachorros a las Nuevas Generaciones del PP, convierte a los miembros normales del partido en perros? Podrían ser también leones, por eso de que cachorro es genérico. Así que por un momento me he visto tentado a usar como sustituto cochinillos o gorrinos... :P

martes, 19 de febrero de 2013

Oscura morriña

Hoy moviendo carpetas he encontrado algunas fotos viejas. Fotos de hace quizás no tantos años, pero de una vida que ya no me pertenece, que ya quedó hace mucho atrás. Y estoy contento con mi nueva existencia, y muy orgulloso de los pasos que aquí voy dando; no obstante una pequeña parte de mi llora por todo aquello a lo que renuncié cuando decidí cambiar mi vida, todas esas personas con las que he compartido tantas cosas y a las que ya no me une un presente, sino un agridulce pasado. Viajes, risas, fiestas, complicidad y la sensación de que el mundo era nuestro, de que nada podía salir mal. Ahora ellos viven su vida, y yo de motu proprio he cortado esos lazos para buscar mi propio camino. No me arrepiento...

pero tampoco me resigno a renunciar a esta oscura morriña.

Me vienen a la cabeza las palabras de alguna canción de Adele: You know how the time flies, only yesterday was the day of our lives. We were born and raised in a summer haze, bound by the surprise of our glory days...

miércoles, 30 de enero de 2013

Retorno


That is not dead which can eternal lie.
And with strange aeons even death may die.
Necronomicon, Abdul Alhazred

Así que sirva esta entrada para probar que no está muerto lo que yace eternamente...

martes, 1 de mayo de 2012

La risa

Si, risa. De esas contagiosas que se extienden como una epidemia infectando a todos los presentes. Una epidemia de inevitables carcajadas, de gozo profundo y sincero, de felicidad simple y llana. Y han bastado tan solo algunas silabas sin sentido, varias muecas y una sonrisa amplia en la cara. Y con eso, ha estallado la risa.

Y si ver reírse a un niño siempre es bonito, no os podéis imaginar qué se siente cuando ese niño es el tuyo propio, y esa risa es la primera.

martes, 21 de febrero de 2012

La solución

Nach dem Aufstand des 17. Juni
ließ der Sekretär des Schriftstellerverbands
in der Stalinallee Flugblätter verteilen
auf denen zu lesen war, daß das Volk
das Vertrauen der Regierung verscherzt habe
Und es nur durch verdoppelte Arbeit
zurückerobern könne. Wäre es da
nicht doch einfacher, die Regierung
löste das Volk auf und
wählte ein anderes?

Die Lösung, Bertolt Brecht 
No puedo evitarlo. Leo una y otra vez noticias sobre lo que ocurre en Valencia, y veo videos uno detrás de otro sobre las terroríficas cargas policiales contra los manifestantes y me entran ganas de llorar. Eso y una sensación de impotencia y de vulnerabilidad. Y con cada comunicado oficial que aparece en los medios mi indignación sigue creciendo y la poca confianza o fe que pudiera tener en ese cascarón vacío en que se ha convertido la democracia española, se esfuma rauda por el sumidero. Y mientras, nuestros políticos, y los representantes de las fuerzas del orden aseguran que ellos representan la democracia y el estado de derecho, y que a los que nos quejamos el país nos dejará atrás. A nosotros los violentos, el enemigo...

Y no puedo evitar acordarme de un poema de Bertolt Brecht llamado Die Lösung (La Solución) escrito tras la violenta represión por parte de las fuerzas sovieticas en Alemania del Este el 17 de junio de 1953 y en el que en un sutilísimo ejercicio de la ironía criticaba la actitud institucional hacia el pueblo. La traducción del poema sería algo así:

Tras la sublevación del 17 de junio
el Secretario de la Unión de Escritores
hizo distribuir panfletos en la Stalinallee
en los que se podía leer, que el Pueblo
había perdido la confianza del Gobierno.
Y que solo con redoblado trabajo
podría recuperarla. ¿No sería
mucho más fácil si el Gobierno
disolviera el Pueblo y
eligiera otro?

sábado, 11 de febrero de 2012

Das Berlinale Gefühl


Subo la Friedrichstraße a buen ritmo y tras apenas cruzar el río y vislumbrar delante de mí los colores del Friedrichstadtpalast, noto como mi corazón se acelera y como fruto de la excitación, una sonrisa me sube a los labios. En la caja una cola no excesivamente larga (teniendo en cuenta que he llegado con hora y media de antelación) y junto a la entrada principal la alfombra roja con todos los focos encendidos, aunque es poco probable que alguien la utilice esta noche (nadie espera ver aparecer al maestro Eisenstein). Una corta espera y por fin tengo en la mano mi entrada: Octubre, con la sorpresa añadida de que la música la pone en directo la Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin. Mi primera entrada de este año, y confío en que no la última. Si bien por una pequeña pero adorable razón no voy a poder llevar el ritmo de películas del año pasado, voy a intentar de todas maneras dejarme imbuir por ese mágico sentimiento, esa sensación de formar parte de algo sensacional, ese espíritu de la Berlinale.

martes, 24 de enero de 2012

Dulce efeméride

Sin que me diera apenas cuenta el 24 de enero ha vuelto a llegar, y con él, el final de un nuevo año, lleno de alegrías, sorpresas, miles de experiencias tanto buenas como malas, y muchas, muchas risas. Hoy se cumple el segundo aniversario desde que llegara a esta preciosa ciudad, este lugar que pese al poco tiempo llamo ya mi hogar. Y más ahora que mi familia vive aquí, mi nueva pequeña familia.

Solo espero que los años que vienen, y que si no ocurre nada me volverán a coger aquí, sean tan dichosos y felices como lo han sido estos dos últimos.

sábado, 14 de enero de 2012

Succión

Me asombra pensar como algo tan pequeño se aferra de una manera tan tenaz a la vida. Como el instinto le marca ese impulso feroz de succionar para obtener, ávido, el vital sustento, con los ojos entrecerrados, un pobre control de músculos y órganos, y una nebulosa noción de la importancia de tan significativo gesto. Y me asombra pensar que ese gesto, esa conducta, esa pequeña programación inconsciente lleva repitiéndose millones de veces desde hace miles de años en cada uno de los mamíferos que pueblan este planeta.

Por encima de todo, no obstante, flota en mi cabeza otra idea: que alivio pensar que es tan solo mi dedo meñique y no mis pezones, los que se encuentran entre los pequeños pero seguros labios de esta pequeña criaturita.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Once del once (Fasching!)

Ayer fue el undécimo día del undécimo mes del año. Coincide que además transcurre el año dosmilésimo undécimo de nuestra era, pero no pretendo hacerme hoy eco ni de catastrofismos supersticiosos ni de curiosidades matemáticas relacionadas con la tan mentada fecha.

Aquí en Alemania, y en especial en las regiones a lo largo del Rhein, el once del once a las 11:11 de la mañana ocurre cada año algo muy particular: comienza el Carnaval (Fasching, Fastnacht o Karneval). Las panaderías y pastelerías se llenan de berlinesas (Berliner como las llaman en toda Alemania, o Pfannkuchen como las llaman en Berlin) recubiertas de mil cosas diferentes y con una variedad enorme de rellenos. Los niños por la noche salen juntos con sus padres por el barrio con farolillos de papel recogiendo caramelos. He oído que en ciudades como Kölln o Düsseldorf la gente se reúne disfrazada delante del ayuntamiento a las 11:11 de la mañana y celebran el advenimiento de un nuevo carnaval con cerveza y cantos y muchas risas, pero aquí creo que no se organiza nada a ese nivel. Por la noche los más tradicionales cenan el ganso de San Martín, relleno de castañas, pasas y manzanas.

Ahora solo queda esperar a febrero para vivir la fiesta grande...


jueves, 10 de noviembre de 2011

El reloj de la vida

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
[...]
Ruben Darío, Canción de otoño
en primavera
Y sin previo aviso me ha llegado toda la edad de golpe, y de una forma que jamás habría imaginado. No me ha llegado con las canas, ni con las arrugas, ni con aniversarios o responsabilidades. No ha sido la perspectiva de futura descendencia la que me ha hecho venir el tiempo de golpe. Han sido mis padres.

Notar como el tiempo va pasando por ellos, y que ya no son como los recuerdo, inamovibles, constantes y eternos, ajenos por completo al paso del tiempo. Sentir como se han hecho mayores, de golpe, sin que nos diéramos cuenta, y saber, ahora sí (atrás quedó la inocencia de la infancia) que un día ya no estarán más con nosotros, y que ese día está cada vez más cerca. Me llena de tristeza, y a la vez me hace pensar que el ciclo de la vida sigue, y que cuando ellos ya no vivan más, nosotros asumiremos su papel y seremos inamovibles, constantes y eternos para nuestros hijos, mientras el reloj de la vida hace su papel.

De alguna manera me hace sentir que la cuesta arriba que era la vida cuando más joven ha llegado ya a su cima, y que a partir de ahora todo va a ser cuesta abajo, mucho más rápido. Pero no quiero dejar de disfrutarlo todo, de vivir nuevas experiencias, y de viajar y saborear nuevas culturas y nuevos retos. Y bueno, que el tiempo haga el resto...

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Nuevo otoño

Hoy Berlin ha amanecido envuelta en un gris abrigo de niebla. No tan espesa que no se pueda ver el otro borde del canal, pero si lo suficiente como para que los corredores o ciclistas que recorren el Weigandufer por las mañanas parezcan surgir de la nada por entre los arces que jalonan el pequeño sendero. Bien abrigado con mis guantes, mi gorro y mi bufanda, paseo sobre el amarillo manto de hojas que cubre el húmedo suelo. En los claros, donde la verde hierba parece blanca de rocío y escarcha, se empieza ya a ver la tierra oscura.

Mientras Zora corretea ajena al profundo frío yo miro pensativo el nuevo otoño: otro más, una nueva vuelta en este carrusel de feria que es el mundo. Y sin embargo, me sigue sorprendiendo. Sigo disfrutando con sus colores, con los aromas de las hojas y la tierra húmeda, con el olor de la leña quemada y de la comida hecha al fuego, con la quietud, con el suave murmullo de la lluvia.

Dentro de unos meses estaré hasta el mismo gorro de todo esto, en especial de la lluvia, y estaré deseando que llegue de nuevo la primavera. Pero mientras tanto, voy a disfrutar este nuevo otoño.

Le subo un poquito el volumen a la tercera de Brahms en mis auriculares y sigo sonriente mi camino.

lunes, 29 de agosto de 2011

Hogar

Hoy hace frío. Parece que el otoño ya está aquí, o quizás es tan solo la prolongación del extraño verano que estamos teniendo, nada que ver con aquel verano del año pasado, todo sol y calor, todo fiestas y lagos. Sin embargo, no me molesta lo más mínimo. De hecho me gustan los días frescos, esos en los que se respira el olor de la tierra, cuando la lluvia arrastra todo el aire impuro de la ciudad, aunque solo sea por unas horas. Y me gusta especialmente si sé que haga lo que haga, cuando acabe todos mis compromisos, me espera un lugar cálido y confortable, una guarida, un refugio.

Llevo viviendo en el nuevo piso desde hace más de un mes, y aún no está del todo listo. Pero casi. Después de un par de viajes, y una semana en cama con anginas, parece que los muebles van ocupando su sitio correspondiente, que las sesenta cajas van vaciando su contenido y ocupando ordenadas un lugar de honor en el trastero, que los cuadros, fotos, espejos y perchas dominan ya estratégicamente sus respectivos territorios. Pese a no estar todo aun listo, ya puedo sentir esa sensación de seguridad, de confort, de hogar.

Hace un rato he vuelto a casa de mi curso intensivo de alemán. Hoy era mi primer día, y después de varios meses de vacaciones, seis horas de clase se me han hecho un poco largas. He caminado desde la parada los escasos dos o trescientos metros que la separan de mi casa. El aire fresco me daba en la cara, y unas gotas tímidas e inciertas han empezado a derramarse desde el gris sobre el oscuro asfalto. He subido rápido las escaleras, y al entrar por la puerta estaba ahí, esperándome: ese sensación de estar en casa.

Mientras escribo estas lineas, con un Chai latte junto al teclado y la trompeta de Miles Davis sonando suavemente en la casa en penumbra, veo por la ventana los arboles azotados por la lluvia y el viento, y disfruto regocijado de ese calor, de esa calidez. Y sé que ahora más que nunca. después de lo que ha pasado todo este último año, mi sitio está aquí.

Una gran sonrisa

Hacia mucho que no me dejaba caer por aquí. Nunca me he olvidado de este rincón de mi alma, pero en algunas épocas de mi vida esta menos pre...