lunes 5 de octubre de 2009

El viaje de mil millas

Un viaje de mil millas empieza con el primer paso.
Lao Tse

Come uno straniero
non sento legami di sentimento
e me ne andrò
dalla città
nell’attesa del risveglio.

Franco Battiato

El día que cansado de naufragar en el hastío descubres que lo que más deseas hacer en esta vida es viajar, las paredes de casa, tan familiares, tan queridas, empiezan a oprimirte, y como un tigre enjaulado no puedes dejar de dar vueltas en la cárcel de mármol de esta soberbia metrópolis que te ha visto nacer y crecer.

Ese día algo se rompe definitivamente y solo puedes hacer dos cosas; asumirlo y seguir con tu vida de rutinas y pequeñas batallas cotidianas, o rebelarte, resistir, cambiar tu destino. Y después de un largo y complicado verano lleno de experiencias, he decidido que yo quiero cambiar mi destino. Dejar atrás esta urbe y moverme lejos, en un viaje de más de mil millas a otro lugar, a otra ciudad donde llevar mis nuevas ilusiones para que florezcan como el azahar en primavera. A una ciudad que me atrae inexorablemente, Berlin.

Debo responder de antemano que no; no hay ninguna belleza rubia de ojos azules a la que vaya persiguiendo, aunque reconozco que no me desagradaría que así fuera. Pero no, solo somos Berlin y yo, cara a cara. Un viaje para conocerme mejor, para conocer gente, para conocer más mundo. Un viaje con fecha de salida, pero sin fecha de retorno. Un viaje para el que llevo ya un mes preparándome y para el que aún me quedan al menos tres más para conseguir los objetivos que me he fijado: reunir un mínimo de dinero, aprender lo suficiente de alemán, y buscar algún trabajo por allí. Y me anima ver que por ahora todo va según lo previsto.

Y bueno, confieso que me da un poco de miedo. Partir solo, a la aventura, sin saber que voy a encontrar, ni cómo irá todo, ni si me va a gustar vivir allí; pero esa emoción, ese dulce hormigueo que me recorre todo el cuerpo y que me hace sentir vivo cada vez que pienso en el viaje, no puede ser malo. El mundo está ahí fuera, esperándome. Yo solo tengo que dar el primer paso...

sábado 3 de octubre de 2009

Luna llena

Es por la luna llena. Cuelga, arrogante, del sucio cielo de neones de esta metrópolis, y me agita salvajemente la sangre.

Es por la luna llena, que me ha traido recuerdos y nostalgias. Morriña de otros días, quizás no mejores, pero sí tan distintos...

Es por la luna llena, y quizás también porque esta noche he hablado contigo, y me he dado cuenta de la profunda marca que has dejado para siempre en mi.

Es por la luna llena que tengo ganas de continuar esta pobre y semiolvidada bitácora. Pero ahora ya no voy a hablar de ti.

O al menos no siempre...

viernes 21 de agosto de 2009

VLC

Empiezas a darte cuenta de que estás viajando mucho cuando asociado a cada ciudad no solo piensas en su nombre sino también en una sucesión de tres letras mayusculas...

jueves 30 de julio de 2009

Fin y principio

Hubiera necesitado horas para decírtelo todo, para vaciar en ti mi alma exhausta. Para celebrar tu sonrisa fresca, tus manos firmes, el suave lienzo de tu piel; para contarte como veo el mar en tus ojos, y tus ojos en el mar, y como mi vida se ha ido llenando poco a poco con el sonido verde de tu risa, con la dulce complicidad de nuestras conversaciones sobre lo humano y lo divino, las alegrías y las penas, sobre nosotros y el mundo. Para decirte, ¿por qué no?, que te quiero.

Pero no teníamos horas, sino apenas minutos. Y el tiempo se escondió de nosotros tras cada esquina, en cada oscuro rincón, como en una ineluctable conjura. Y es cierto, que de alguna manera sabíamos lo que había, que intuíamos lo que estaba naciendo, y cual era su inevitable final. Quizás pensamos que las palabras podían romper el frágil cristal de nuestra historia, ese tenue hilo fino como un cabello del que pendía nuestra ilusión.

Ahora una vertiginosa cantidad de kilómetros separa tu risa de mis oídos, y no puedo dejar de pensar en ti. Y me gusta pensar que a ti te ocurre lo mismo. Y mi cabeza se llena de cientos de miles de dudas, que hacen danzar ante mis ojos cientos de miles de nuevas posibilidades. Supongo que ahora es el momento de hablar todo lo que quedó en el aire.

Y no sé que pasará. El futuro se me hace completamente impenetrable, oscuro como oscura es esta noche sin ti. Y bueno, quien sabe como acabará todo esto. Solo espero, pase lo que pase, al igual que sé que yo no podré hacerlo, que nunca olvides el tiempo en que te amé.

miércoles 29 de julio de 2009

Despedida


Un último abrazo, nuestros pies descalzos sobre el sucio pavimento, entrelazados y juntos como no volverán a estarlo nunca más.

Te miro mientras te alejas, lentamente, de mi vida. Me miras. Hago un esfuerzo enorme por no volver a llorar y te digo adiós con la mano. Desapareces tras la esquina.

Después, solo está la Nada.

lunes 20 de julio de 2009

Amarga ironía

Estás triste, o enfadada, o quizás ambas cosas. Te miro embelesado mientras me cuentas qué ha sucedido: él ha vuelto a comentar en público, respecto a la imagen de una conocida modelo, que esa es la mujer que él quiere, y se pregunta si pide demasiado.

Comprendo tu indignación, es un detalle poco elegante por su parte. Dejo que hables, reduciendo a fino polvo cada una de sus palabras, desmenuzando implacablemente el sentido de la frase hasta que por fin no puedes evitar preguntarme:

- Eso es lo que quiere, pero... ¿lo merece?

Te miro de arriba a abajo. Tus cristalinos ojos, tus manos sutiles y delicadas, tus sensuales labios que yo nunca besaré, y un sentimiento de tristeza se apodera también de mi. Mi mirada se desliza por tu sedoso cuello hasta caer inerte al suelo, mientras pienso:

- ¿Y yo?, ¿qué merezco yo?

martes 26 de mayo de 2009

Cuentos modernos 3, el traje nuevo del Emperador

Y sucedió que aquellos truhanes le consiguieron al Muy Honorable Emperador varios trajes de suntuosas telas, y exquisito corte a su medida, y con la mágica propiedad de que solo los insidiosos y desleales podían verlos. Y fueron los estafadores bien remunerados por ello, llenando sacos y sacos de oro que pusieron pronto a buen recaudo.

Y el Muy Honorable Emperador, se paseó con aquellos trajes por sus dominios, y nadie osaba decir nada para no ser tildado de insidioso y desleal, hasta que en la prensa de fuera del Reino se destapó el engaño, y todo el mundo se hizo eco del asunto...

Bueno, todo el mundo no. Dentro del Reino, como los medios de comunicación eran muy leales no se publicó nada, así que la gente siguió sin poder decir nada, y el Emperador siguió viviendo feliz, y comiendo perdices.