Intenté que lo vierais con vuestros propios ojos, que lo experimentarais como hace ya unos años yo también lo hice. Intenté condensar en apenas tres días toda la magia de esta ciudad. Quería que supierais qué fue lo que me enamoró de esta urbe, qué fue lo que me hizo dejar atrás mi vida anterior y lanzarme a la aventura de lo desconocido.
Intenté que aprendierais de primera mano que aún os echo de menos, que mi decisión resultó en gran parte un sacrificio, de nuestra historia, de nuestro futuro, para nada exento de dolor.
Necesitaba haceros comprender que no podría haber sido de ninguna otra forma. Que mi destino estaba aquí, esperándome. Que en ningún otro sitio iba a poder tener las mismas oportunidades de encontrarme. Que amo esta ciudad desde el primer momento que puse el pie en ella.
Y lo intenté con todas mis fuerzas. Solo lamento esa sensación de no haberlo logrado.
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lunes, 25 de agosto de 2014
martes, 24 de enero de 2012
Dulce efeméride
Sin que me diera apenas cuenta el 24 de enero ha vuelto a llegar, y con él, el final de un nuevo año, lleno de alegrías, sorpresas, miles de experiencias tanto buenas como malas, y muchas, muchas risas. Hoy se cumple el segundo aniversario desde que llegara a esta preciosa ciudad, este lugar que pese al poco tiempo llamo ya mi hogar. Y más ahora que mi familia vive aquí, mi nueva pequeña familia.
Solo espero que los años que vienen, y que si no ocurre nada me volverán a coger aquí, sean tan dichosos y felices como lo han sido estos dos últimos.
sábado, 1 de enero de 2011
La ciudad y los perros
La calle, fría y húmeda, resplandece bajo el tímido sol invernal que hoy se ha dignado a aparecer. Es el primer día de un nuevo año, hace apenas unas horas estrenado, y en la desierta ciudad no se ve a nadie. Solo los aguerridos dueños de algún perro hollan los sucios adoquines, más por obligación que por gusto, en esta fría mañana de enero.
Les veo caminar, cruzarse saludos y felicitaciones en ese misterioso idioma que solo entienden aquellos que poseen un can, les veo contemplar los devaneos y juegos de sus perros, alegres estos y totalmente ajenos a fechas o festividades, mientras el resto de la ciudad duerme la fiesta del viejo año.
Y lo sé, porque también yo puedo ser considerado ahora dueño canino, aunque eso... eso ya es otra historia.
Les veo caminar, cruzarse saludos y felicitaciones en ese misterioso idioma que solo entienden aquellos que poseen un can, les veo contemplar los devaneos y juegos de sus perros, alegres estos y totalmente ajenos a fechas o festividades, mientras el resto de la ciudad duerme la fiesta del viejo año.
Y lo sé, porque también yo puedo ser considerado ahora dueño canino, aunque eso... eso ya es otra historia.
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