miércoles, 7 de mayo de 2008

Un centenar (o porqué escribo)

Hoy el contador de posts me informa de que la última entrada es la que hace un centenar dentro de mi pequeño álbum de recortes. No me siento especialmente orgulloso de ello: solo consiste en ser paciente y llenar poco a poco de letras los huecos que van quedando en el corazón. Lo único para lo que ha servido este dato anecdótico ha sido para hacerme reflexionar sobre porqué escribo. Y bueno, creo que ahora ya sé cuales son mis razones.

La primera es tener cosas dentro que me apetece contar: cosas que me pasan, cosas que pienso, cuentos, historias, poemas, ... Después tenemos otro clásico: por el hecho narcisista de escribir algo que sabes que la gente puede leer, aunque sea de escaso valor literario, y nulo interés. Y por último, pero no por ello menos importante sino más bien todo lo contrario, porque me he dado cuenta de que escribo también para mi, para poder releer tiempo después las entradas y poder revivir los momentos más tristes o más alegres de los últimos tiempos, cada sentimiento, cada cosa que me ha ocurrido y que ha quedado aquí plasmada, una manera de no olvidar por lo que he pasado, lo que he vivido.

Así, como conclusión puedo decir que este rincón es un espacio de egolatría en el que yo escribo por mi, y para mi, y para los demas que leyendo este blog, refuerzan mi narcisismo. Solo me falta ponerme alguna medalla...

3 comentarios:

clio5mil dijo...

Espero que esos 100 posts algún día cercano sean 250, y luego 500, y que nunca abandones la costumbre de escribir.

Algún día yo también escribiré un post de "porqué escribo".

¡Nos leemos!

Clio5mil

Silvana dijo...

pos a mi me gusta la onda de reforzar tu narcisismo guapo!
jajaja
beso abrazo ojalá pronto te llegue mi postal!!!!
abrazoo y besazoooo

Aguacate y Mandarina dijo...

Acá se te lee con gusto, gusto del mejor. Que bueno que escribes porque se te entiende. ¡Viva la lengua española! jajaja

Yo escribo para leerme. Después de cierto tiempo me leo y digo: "Uy que morbo" y sigo leyéndome y sigo escribiéndome. ¡A poco no es la merísima onda!!

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