jueves, 26 de junio de 2008

Genocida vacuno

Sí, lo reconozco. He sido un genocida vacuno. Fue durante mi época de pastor de cabras y yaks en Kazajstán. Por las noches me sustraía al calor de la lumbre que ardía dentro la austera cabaña para deslizarme a la noche, negra como mis intenciones, a satisfacer mis más bajos instintos. Y no era hasta que despuntaba de nuevo el alba, que no volvía, exhausto y sin aliento, a meterme desnudo de ropa y emociones en mi tibia cama.



Y tú, ¿donde estabas entonces, cuando tanto te necesité? Mil caminos he recorrido buscándote, buscando en ti un consuelo a esta sed que no cesa, a este dolor lacerante que palpita en cada rincón de mi cerebro. Quizás buscando las fuentes perdidas del Amazonas. Tal vez dejando volar al viento tu pelo, tu voz y tus ideas en el Mayo francés. Puede que mirando desde el Ponte Rialto como pasan las góndolas. O tomando un café en el Soho de Londres.


El tiempo ha pasado. Mi postrer camino me condujo hasta aquí, y la magia de las noches esteparias ha quedado reducida a vagos recuerdos en mi memoria, anestesiado de mi primarias pulsiones por la anodina rutina. Pero a veces, cuando ya es tarde y todos duermen, y el faro de tu dulce mirada se esconde al mundo tras la suave persiana de tus párpados, contengo la respiración y aún me parece oírlas mugir.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

jaja no te da vergüenza, pobres vacas!!! :P

Anónimo dijo...

¿Qué te has tomao?? Yo quiero probarlo...

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Hacia mucho que no me dejaba caer por aquí. Nunca me he olvidado de este rincón de mi alma, pero en algunas épocas de mi vida esta menos pre...