viernes, 25 de febrero de 2011

Berlinale reloaded

No es que haya olvidado ya mi proposito de continuar escribiendo en este blog. Tan solo es que en las ultimas semanas he andado muy ocupado sacandome una pequeña espinita que llevaba clavada desde el año pasado.

En efecto, se trata de la Berlinale. Y si el año pasado solo pude acudir a un film, que además dejó bastante que desear, este año me he resarcido de lo lindo, y por fin, me he metido de lleno en el espíritu del festival.


Mi Berlinale este año han sido 10 días locos en los que apenas he parado, 14 peliculas de casi todas las categorias, de 11 paises diferentes en 9 idiomas distintos; ha sido descubrir 8 nuevos cines, hacer largas colas cada mañana para conseguir entradas a precio reducido, algunas veces incluso siendo el primero ante la taquilla del Friedrichstadt Palast a las 8 de estas frias mañanas berlinesas; ha sido colarse una noche en la alfombra roja, y ser fotografiado por error por algun fotografo despistado; ha sido ver grandes peliculas, muchas nuevas, alguna que otra antigua, muy antigua, pero con ese gusto que deja tener el placer de verlas en pantalla grande; han sido los debates sobre cine, las largas horas preparando que peliculas queria ver, y verlas con los amigos; ha sido viajar a cualquier lado y llevar solo en la cabeza el cine, y bajo el brazo, el Journal de la Berlinale; han sido Taxi driver, o El septimo sello, o Patang, o el caballo de Turin, o Sacrificio; ha sido en definitiva, vivir por y para el cine durante 10 intensos dias. Una experiencia, que aunque me ha dejado agotado, ha compensado con creces cualquier expectativa que tuviera puesta en la Berlinale de este año.

Ahora, mientras espero con ilusión la Berlinale del año próximo, me entretengo organizando con unos amigos nuestro propio festival de cine, la Kreuzkoellnale.

domingo, 23 de enero de 2011

Mi primer año

Me siento sorprendido. Hace exactamente un año, tal día como hoy, empezaba mi aventura alemana. Tal día como hoy 23 de enero, dejando atrás todo (familia, trabajo, amigos,...) cogía de madrugada un tren que me debía acercar a la ciudad Condal, para, desde allí, tomar un avión que me traería a mi nueva urbe: Berlin.

Un año ya. El tiempo se ha esfumado veloz, y no tengo aún la sensación, para bien o para mal, de haber pasado tanto tiempo aquí. Un año de alegrías y de alguna que otra pena, de muchos descubrimientos, y de infinitas sorpresas.

Un año que me deja cantidad de experiencias, muchísimos amigos, algunos antiguos y otros muchos nuevos, y en el que he tenido al menos cuatro direcciones diferentes.

Y no sé que me deparará el próximo año. Solo sé, que quiero que sea igual de bueno o mejor que el primero, y sobre todo, que siga siendo aquí, en esta ciudad que me vuelve loco, y en la que he encontrado más de lo que jamás pensé que podía existir, y en la que deseo seguir aún muchos años más.

sábado, 15 de enero de 2011

Emergencias

Solo hay una cosa que me guste más que la nieve: cuando esta por fin se funde y la ciudad nace de nuevo.

Sí, sigue el frio, y las nubes cubren el cielo bastante a menudo. Una fina llovizna empapa todo de manera lenta pero ineluctable. Y sin embargo, me gusta.

A veces, como por descuido, el sol se cuela entre las nubes, y la ciudad parece emeger de entre el hielo en todo su esplendor, anunciando promesas de una cálida primavera y un maravilloso verano. Los viejos recuerdos florecen, todas las vivencias, todos los viejos amigos (los que siguen, y los que ya no estan; los que volverán y aquellos que ya solo son imagenes en nuestra memoria y largas cartas de puesta al día) emergen junto con las calles, las aceras, los nevados parques.

Y entonces, en ese justo momento, ya no te importa el frio. La vida se descubre bella, viva, espléndida en su crisol de colores. Ojala el mundo estuviera lleno de este tipo de emergencias.

sábado, 1 de enero de 2011

Nuevo año

Down in Times Square the little folks is a-watchin' and a-waitin' fo' that big ball to drop. They all tryin' to catch holt a one moment of time to be able to say -- 'Right now! This is it! I got it!' 'Course by then it'll be past. But they all happy, evvybody havin' a good time.
The Hudsucker Proxy, Coen Brothers

De nuevo aquí. Un nuevo año por delante, y la firme decisión de retomar una vez más este pequeño álbum de recortes, mi cuaderno de vida.

Y me regocija sobremanera pensar que por casualidades de la vida, si este pequeño blog comenzó en aquél ya lejano 2006 con La ciudad ciclista, continua ahora después de un pequeño letargo con La ciudad y los perros, ambos humildes tributos a la que fue mi ciudad por incontables años, y la que lo es desde no hace mucho.

La ciudad y los perros

La calle, fría y húmeda, resplandece bajo el tímido sol invernal que hoy se ha dignado a aparecer. Es el primer día de un nuevo año, hace apenas unas horas estrenado, y en la desierta ciudad no se ve a nadie. Solo los aguerridos dueños de algún perro hollan los sucios adoquines, más por obligación que por gusto, en esta fría mañana de enero.

Les veo caminar, cruzarse saludos y felicitaciones en ese misterioso idioma que solo entienden aquellos que poseen un can, les veo contemplar los devaneos y juegos de sus perros, alegres estos y totalmente ajenos a fechas o festividades, mientras el resto de la ciudad duerme la fiesta del viejo año.

Y lo sé, porque también yo puedo ser considerado ahora dueño canino, aunque eso... eso ya es otra historia.

jueves, 2 de diciembre de 2010

La primera nieve

Nieva con fuerza sobre Berlin. En la penumbra del salón miramos la nieve caer por la ventana. Apenas se oyen ruidos afuera: todos se esconden en sus casas, a cobijo del cruel frío que campa a sus anchas por las vacías calles. Las luces de las farolas dibujan formas caprichosas en las blancas paredes de la cálida estancia. Suave, a media voz, la voz de Maja Vasiljevic flota llenando cada oscuro rincón. El glühwein caliente en la mano, una buena manta sobre las piernas en el mullido sofá, y la sensación de no estar en Berlin, sino a cientos de kilómetros hacia el este, en algún templo ortodoxo ruso. ¿Qué mejor manera podríamos tener de celebrar la primera nieve del nuevo invierno?


jueves, 14 de octubre de 2010

Clown

Ridi, Pagliaccio, sul taro amore infranto!
Ridi del duol che t'avvelena il cor!

I Pagliacci, Ruggero Leoncavallo


There was a lot of time since I felt like that. Maybe it's because today I'm not in the mood, or I feel too sensitive. But, the case is that it hurted me a bit. I don't know if you understand what I mean. You feel playful, you just feel creative and tries to make stories, to invent new worlds, to make fun of everything. and suddenly, you feel like nobody's playing your game, but the game of making fun of your worlds. And then you feel like a clown. And then suddenly all the fun disappears. You just can pretend that everything is ok, but you're again back in the reality with people who doesn't really understand you. Smiling while you're just in the mood for hiding of the world. And I don't like it. I don't like it at all. But I'm not going to just behave as they want me to behave. I just want to be myself. Even if it hurts...


jueves, 30 de septiembre de 2010

El otoño en Berlin

El pasado invierno fue para mí Alexander Platz, y Unter den Linden, y la Isla de los Museos, y volver a Potsdamer Platz. Fue el S-Bahn, y la nieve.

La primavera, el Mauerpark y Prenzlauer Berg, y la hierba y Hackescher Markt, y Lichtenberg. Para verano quedaban los lagos, y Kreuzberg, y AdmiralBrücke.

Y ahora, que ya esta aquí el otoño, me quedo con mi pequeño refugio en Neu-Kölln, con los paseos por Tempelhof, con los últimos rayos de sol colándose entre los altos arboles de los pequeños cementerios abandonados de Hermannstraße, con las sonrisas y los desayunos con queso y Weltmeister, con los ojos verde turquesa.

Tengo la sensación de que este va a ser un buen otoño.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Pan sin queso

Ha amanecido lloviendo. La contagiosa alegría que traía el sol cuando entraba temprano por la mañana se ha ido disipando lentamente a lo largo de la noche. Hoy algo ha cambiado.

Ayer tuvimos una concesión al otoño. Como por descuido, un día fantástico se coló entre los turbios días que están precediendo al equinoccio. Un día hermoso y soleado, cálido como un abrazo y limpio de nubes y malos pensamientos. Uno de esos domingos que se disfrutan hasta el último segundo.

Un brunch con Miss Nora y su hermana, y con Zora y Barney. Una visita al Mauerpark, al rastro, al karaoke, a los amigos que pululan arriba y abajo, o yacen risueños sobre el césped. Mis libros nuevos, mis nuevos Cds (¿quien lo diría? El A love supreme de Coltrane, el Moanin de Art Blakey, y el Out to lunch de Eric Dolphy, todos originales por 7 euros). Una cena horario europeo con Desmond (que tiene el detallazo de regalarme un pequeño libro y una postal del año 43). Un divertidísimo Quiz con grandes amigos, muchas risas, pocas preguntas acertadas y la sensación de felicidad que me ha ido acompañando toda la última semana. A medianoche, antes de el S-Bahn se transforme en calabaza, huimos buscando el calor de un pequeño refugio en las alturas. Susurros, sonrisas, y después, solo oscuridad y silencio.

Y esta mañana la lluvia. Algo ha cambiado imperceptiblemente, puedo notarlo. Quizás desapareció el queso, y ahora solo queda sobre la mesa el pan. Desde luego es un buen pan, pan alemán, de ese con semillitas y cosas por el estilo. Y el queso tampoco podía durar eternamente. Pero de alguna manera, sé que voy a echarlo un poco en falta. Quizás solo necesito dormir, y quitarme este pijama de tristeza que me pone siempre la lluvia.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Caras largas

¿Hay algo más triste, me pregunto a mi mismo, que despertarse por la mañana y que lo primero que uno vea sea una cara seria?

Sonrisas

¿Hay algo más bonito, me pregunto a mi mismo, que despertarse por la mañana y que lo primero que uno vea sea una sonrisa?

viernes, 3 de septiembre de 2010

Cuestión de perspectiva

Es duro al principio. Vuelves pensando que el tiempo sigue como lo dejaste, y más cuando en tu tierra natal un ponientazo devastador ha elevado las temperaturas sin previo aviso y por tiempo indeterminado, hasta valores dificiles de soportar. Pero no, no aquí. En Berlín, el aire fresco ha tomado las calles, las nubes cubren el mundo vistiendo de gris los coches y edificios. A ratos, una fina lluvia se deja caer cansadamente, mojando silenciosamente el pavimento.

Se acabaron los baños nocturnos, las cervezas en Admiralbrücke, las tardes locas de domingo en el Mauerpark, las horas largas sobre la hierba de los parques. Y no puedo evitar que una sensación de tristeza me embargue. Contaba con poder disfrutar aún de un par de semanas de buen tiempo. Pero ha resultado demasiado pedir. El verano ha muerto y mi corazón se encoge a ratos.

De pronto, a media tarde, un rayo de luz barre la calle. Las nubes dejan filtrarse la luz del sol, y poco a poco los grises se tornan en verdes, en azules, en lindos amarillos.

Es una pena que haya terminado el verano en Berlin, pero... ¡es tan precioso el otoño aquí!

lunes, 23 de agosto de 2010

Vuelvo a casa

Recojo una a una las camisetas, los calcetines, la ropa interior, todo cuanto he ido usando estos últimos días y los voy guardando lentamente en la mochila. Después de unas semanitas en mi ciudad natal y una más de nuevo en el Ticino, toca volver a Berlin.

Mientras mis manos hacen el trabajo, miro ensimismado a través de los cristales hacia las rocosas crestas que se extienden a lo largo del horizonte. De pronto, un sonido me saca de mis ensoñaciones. Un mensaje. A mi numero alemán. ¿Será de mi hermano? Que raro, no parece la hora. Saco el móvil con curiosidad.

Y sin quererlo, una sonrisa me va subiendo a los labios, y me llena la cara. Son apenas tres frases, pero dicen un mundo. Tres simples frases, que de alguna manera, necesitaba escuchar después de mi extraña experiencia en Valencia. "Hey Maaaario, welcome back to Berlin. We missed you crazy guy. Signed - Welcoming comitee!".

Que importa que haya llegado con un día de adelanto. A lo largo del mismo día, varios mensajes han ido apareciendo, dejándome con una dulce excitación. Ganas de volver, de estar de nuevo allí. Voy a echar de menos a mi hermano, como echo de menos a mis padres, y a los buenos amigos de mi tierra, pero no puedo evitar un escalofrío al pensar que me quedan apenas horas para pisar de nuevo aquella urbe.

Quizás es lo que se siente cuando vuelves a casa...

jueves, 12 de agosto de 2010

Redshift

Y un día vuelves a tu ciudad, y ves que todo sigue igual, pero también que todo ha cambiado. Las mismas calles, con algunos ligeros detalles diferentes, las mismas caras, los mismos autobuses, las mismas farolas. Pero todo es distinto, ya no es como antes.

No puedo evitarlo. Me siento desplazado. La vida, como no podía ser de otra manera, ha seguido su curso. Sin mi. Todos han continuado con sus rutinas, sus trabajos, sus historias cotidianas. Y es lógico, no me puedo quejar, no tengo derecho a hacerlo. Pero es que todo es tan distinto...

Apenas medio año y ya tengo la sensación de haber sido extirpado de manera limpia de la vida de muchas personas. Aunque reconozco que siempre hay gratas excepciones, y he tenido muchos y muy emotivos encuentros durante mi breve estancia, de esos que te hacen sentir que no has desaparecido del todo de esta urbe, y que aún tienes un huequecito en el corazón de los que quieres aquí.

Quizás, se junta también que muchos piensan que mi estancia en Berlin es algo temporal, o que es verano y todos andan dispersos, o la luna, o que hoy tengo el día tonto, o que echo terriblemente de menos Berlin. Sea como fuere no pienso amargarme. El estío está ahí fuera. Pienso salir y comerme la ciudad,... aunque sea como turista.

miércoles, 9 de junio de 2010

Música en el metro

Sí, sé que es lo normal en las ciudades grandes. Músicos itinerantes entran en el vagón del metro y por una parada o dos deleitan a la gente con algunas canciones, para solicitar después un pequeño óbolo. Pero vamos, siempre suelen ser un violinista, o un trompetista...

Hoy me he asombrado al ver entrar en mi vagón dos saxofones, un tio con una melódica, otro con un contrabajo, otro con un acordeón y un último individuo con algo de percusión, que han tocado a un ritmo endiablado Hit the road Jack y Sweet Georgia Brown. ¡Aún estoy alucinando!

lunes, 7 de junio de 2010

Stadt ohne Ende

Eine Stadt ohne Ende, una ciudad sin fin. Eso parece Berlin cuando empiezas a recorrerla fuera del turístico centro. De este a oeste, de norte a sur, a lo largo de sus casi novecientos kilometros cuadrados de superficie.


Este fin de semana he tenido oportunidad de conocer algunas zonas a las afueras de Berlin, aunque todavía dentro de la ciudad. Zonas tan pintorescas como el antiguo pueblo de Lübars (ahora parte del barrio de Reinickendorf) con sus pequeñas granjitas de caballos y ovejas, sus riachuelos y prados (el Tegeler Fließ). La impresión que da es la de que, al contrario de lo que ocurre en otras ciudades donde pasado el último edificio la ciudad acaba abruptamente, Berlin se va disolviendo de manera gradual según te alejas del centro, hasta que sin darte cuenta te encuentras en medio de la Naturaleza.


Y en el extremo contrario de la ciudad, aprovechando el calor del pasado fin de semana, he podido visitar otra zona (esta más conocida, al menos por los berlineses) llena de encanto y que refuerza mi impresión de la apertura de la ciudad, esa sensación de no tener límites. Se trata del bosque de Grünewald. Y sí, es un verdadero bosque, dentro de la ciudad (y me consta que no es el único). Un punto de encuentro para los berlineses que no pueden escapar al mar del Norte en verano, y que acuden con el buen tiempo a disfrutar en familia de sus multiples lagos.


Ha sido una experiencia fantástica poder recorrer el bosque en bicicleta, nadar desnudo en cada lago (¡Viva la FKK!), pasar el día en contacto con la naturaleza, y conocer un poquito mejor esta ciudad que cada día que pasa me gusta más. Y pienso seguir descubriendo más cosas, porque aquí las posibilidades, como la ciudad, no tienen fín.

viernes, 4 de junio de 2010

Wallhunting

La visión del muro de Berlín con la que se identifica todo el mundo, la que hemos visto tantas veces en la televisión, y que nos resulta tan familiar, coincide con la visión que se tenía del muro desde Berlín Oeste, la de la Alemania Federal, pero que no tiene nada que ver con lo que en realidad separaba una Berlín de la otra.

Cuando pensamos en el Muro, enseguida imaginamos la hilera de piezas de hormigón de 3,75m de altura, pero esta no era sino el último obstáculo de una larga lista de elementos que conformaban la llamada "franja de la muerte", una zona de entre 50 y 200m de ancho, donde ningún ciudadano tenía permiso para entrar, y donde los soldados que custodiaban la zona tenian instrucciones de tirar a matar para evitar cualquier fuga. Para comprender mejor como funcionaba esa franja de la muerte, así como la que separaba el territorio de las Alemanias Federal y Democrática fuera de Berlin, recomiendo ver el video de la Deutsche Welle "Encerrados: la frontera interalemana".

Más de 20 años después de la caida del muro, aún pueden encontrarse restos de todos estos elementos de defensa pertenecientes al Muro: lámparas que iluminaban la "franja de la muerte", carriles para los coches de patrulla, verjas, restos de alambrada,... Así que con la ayuda de un fantastico libro (obsequio de mi hermano) que describe cada tramo de muro urbano de Berlín (42 o 43 km) , he decidido hacer Wallhunting: buscar los vestigios remanentes de las fortificaciones del Muro, cámara de fotos en mano, y de paso disfrutar del buen tiempo al aire libre conociendo mejor mi ciudad.

Carril y farola en el perimetro de defensa
de la antigua industria Bergmann-Borsig

Die Sonne

Son los días como este los que me hacen darme cuenta de por qué quiero vivir en Berlin. Un día radiante y cálido, con un hermoso cielo azul. Un día para salir a la calle a pasear. Para tirarse en la hierba en el Lust Garten o junto al Spree en Hackescher Markt. La ciudad esta preciosa y llena de vida. Gente caminando arriba y abajo por las calles, gente sentada en terrazas o jardines, miles de bicicletas,...


Para redondear la tarde, no hay nada mejor que una visita a alguno de los museos estatales, que cada jueves a partir de las seis son absolutamente gratis. Hoy, por fin, he podido visitar el Pergamonmuseum, que alberga la colección de arte griego y romano, de Asia menor, y árabe. Entre sus maravillas se encuentran el Altar de Pérgamo, la puerta del mercado romano de Mileto, y la majestuosa reconstrucción de la Puerta de Ishtar en Babilonia.

Ebrio de emociones abandono poco después el museo para dirigirme a Hermannplatz, al principio de Sonnenallee, para atender un extraño evento, mezcla de teatro improvisado y clase de alemán para principiantes. Allí, en buena compañía y con muchas risas, acabo de agotar un día magnifico de los que hacen que vivir aquí sea tan especial. Llego a casa un poco tarde, un poco cansado y también un poco achispado. Y mañana...

Mañana, si el tiempo sigue igual de radiante, empezaré la primera de mis excursiones como Wallhunter. ¿Que qué es eso? Creo que dejaré la explicación para mañana. Buenas noches, y dulces sueños. Gute Nacht! Träum was Schönes!

martes, 1 de junio de 2010

Fusión


La fusión es un proceso físico que consiste en el cambio de estado de la materia del estado sólido al estado líquido por la acción del calor.
Wikipedia

Un día te levantas temprano y al pisar la calle notas que la nieve que ayer pintaba de un blanco inmaculado tiene hoy un feo y sucio aspecto amarronado. Parece que las temperaturas van subiendo así que la gente se prepara para lo peor: a fuerza de pisar los restos níveos, se forman masas compactas que al llegar la noche y bajar las temperaturas acaban transformándose en letales placas de hielo, donde resbalar y caer es más un hábito que una remota posibilidad. Al cabo de unos días de continuos e inevitables hielos y deshielos, los pequeños promontorios son cada vez menores y el verde de la hierba y los arboles, y las pequeñas flores, pugnan por llenar de colores la ciudad congelada en su foto en blanco y negro.

Un buen día, cuando te levantas, ya no hay nieve. Se ha fundido. ¡La primavera ya está aquí!

O al menos eso me dijeron hace ya unos cuantos meses. Yo sigo esperando...

viernes, 30 de abril de 2010

Am Friedrichshain

La noche cae sobre Berlin. El otrora lleno parque de Friedrichshain permanece ahora apenas mudo, roto el vasto silencio por pequeños grupos diseminados que cuchichean y rien en voz baja. La luna, coqueta, se deja ver entre las tupidas nubes. La ciudad, sin embargo, bulle de vida. Gente se mueve arriba y abajo, buscando la llave que ha de abrirles el fin de semana.

Yo, ahíto de carne a la brasa y risas, prefiero quedarme hoy en casa: descansar, quizás leer (lentamente en alemán), mientras Anouar Brahem me mece con su Voyage de Sahar. Saborear cada segundo de esta fantastica noche desde la comodidad de la que pronto dejará de ser mi pequeña nuez.

Mañana, eso sí, será otro día. Mañana saldré, a quemar la noche, a disfrutar por ahi en buena compañía y vivir Berlin como si el mundo se acabara ya. Pero eso será mañana.

Por hoy ya esta bien. Gute nacht, Berlin, und träum was Schönes!


Una gran sonrisa

Hacia mucho que no me dejaba caer por aquí. Nunca me he olvidado de este rincón de mi alma, pero en algunas épocas de mi vida esta menos pre...