Hoy el contador de posts me informa de que la última entrada es la que hace un centenar dentro de mi pequeño álbum de recortes. No me siento especialmente orgulloso de ello: solo consiste en ser paciente y llenar poco a poco de letras los huecos que van quedando en el corazón. Lo único para lo que ha servido este dato anecdótico ha sido para hacerme reflexionar sobre porqué escribo. Y bueno, creo que ahora ya sé cuales son mis razones.
La primera es tener cosas dentro que me apetece contar: cosas que me pasan, cosas que pienso, cuentos, historias, poemas, ... Después tenemos otro clásico: por el hecho narcisista de escribir algo que sabes que la gente puede leer, aunque sea de escaso valor literario, y nulo interés. Y por último, pero no por ello menos importante sino más bien todo lo contrario, porque me he dado cuenta de que escribo también para mi, para poder releer tiempo después las entradas y poder revivir los momentos más tristes o más alegres de los últimos tiempos, cada sentimiento, cada cosa que me ha ocurrido y que ha quedado aquí plasmada, una manera de no olvidar por lo que he pasado, lo que he vivido.
Así, como conclusión puedo decir que este rincón es un espacio de egolatría en el que yo escribo por mi, y para mi, y para los demas que leyendo este blog, refuerzan mi narcisismo. Solo me falta ponerme alguna medalla...
miércoles, 7 de mayo de 2008
martes, 6 de mayo de 2008
Diario de Turandot, 4
Día 4 (06/05/08): Parece que le vamos cogiendo el tranquillo a los horarios del bus. Hoy salimos cinco minutos mas tarde de casa y llegamos a la hora de siempre. Son las 3:55 y el camerino ya está casi lleno. Dejamos trastos y en unos minutos subimos al escenario. En cuanto nos ven nos mandan a nuestras posiciones. Pasamos entre el coro y subimos a la plataforma, cada uno a nuestro pilar de referencia, y allí un miembro de utilería nos alcanza La Lanza. Parece que vamos a terminar de pasar el segundo acto hasta el final.
Pese a que hay algunas ausencias (falta Pong, y una de la figurantes esta mala del estomago y tampoco ha podido venir) comenzamos sin dilación desde el momento de los tres enigmas. Todo sigue como siempre, excepto por las enormes puertas que han colocado en el decorado y que se corren hacia los lados para dejar acceso a la zona en la que se encuentra el emperador. El problema es que estan acabadas de poner y aún existe un hueco bastante grande en el suelo donde estan las puertas y que los solistas y actores deben saltar para no caer por el hueco desde una considerable altura. La cover de Turandot va a cantar ahora así que tendremos la oportunidad de escucharla. Volvemos a tener presencia solista en los balcones de las chicas, esta vez más descarada, pues ya no se contentan con hablarles desde abajo y suben sin ningun tipo de pudor a saludar y presentarse. Lo bueno es que el ensayo parece avanzar deprisa y tras parar solo en un par de ocasiones para corregir posiciones y dar nuevas instrucciones llegamos al final del acto. Ha sido rápido e indoloro. Nos dan veinte minutos de descanso y ya nos avisan de que después volveremos a pasarlo todo de nuevo, esta vez sin interrupciones. Devolvemos las lanzas a los chicos de utilería y bajamos corriendo a merendar al sol junto a la piscina.
De nuevo en el escenario. Lanza en mano, codos levantados y mirada al frente. Se nos avisa de que vamos a ver toda la segunda escena completa. La solista ya ha reemplazado a la cover y se prepara. A una orden del director la pianista repertorista ataca los primeros acordes, los soldados comienzan a desfilar y la música nos envuelve. Y en cuanto nos hemos descuidado, absortos en cada nota, en cada frase, el acto está ya terminado. Algunos de los solistas aprovechan el momento posterior para hacer nuevos acercamientos. Oigo a uno de ellos cantando ¿la cucaracha? Por suerte, nos mandan a platea y se preparan para repasar el principio del primer acto. El solista de la cucaracha se coloca a mi lado y me pregunta la altura. Es apenas tres centimetros más bajo que yo y bromea con una chica del coro al respecto. Como veo que sobro, me despido y bajo corriendo hacia los asientos.
Es la primera vez que vemos este acto, pues por ahora siempre habiamos estado con el segundo. Nos acomodamos en nuestros asientos y disfrutamos con la visión del escenario desde una posición tan diferente a la que tenemos mientras estamos arriba. Escuchar al coro resulta sobrecogedor, pone la piel de gallina y eso que por ahora el acompañamiento es todavía el piano. No quiero imaginarme como debe ser oirlo con la orquesta. Desgraciadamente dura poco, ya han pasado las tres horas de trabajo que tiene estipulado el coro y se despiden a toda prisa.

Son las 7,15 y tenemos veinticinco minutos de pausa. Juanjo se ha traido el domino y montamos partida en el camerino, y entre pitos dobles, pasos y cierros se nos hace la hora de volver otra vez arriba. A nuestros asientos de platea en concreto. El director de escena trabaja con el verdugo y sus cuatro ayudantes, que le llevan la mortal aguja que usará para matar al príncipe de Persia, el agua con la que se lavará las manos y el paño con el que se las secará. El director pone mucho énfasis en este aspecto y dedica bastante tiempo a trabajar con el verdugo, que hace un trabajo de filigrana, en realidad, el único papel de actor interesante de toda la figuración. Cuando muere el principe de Persia, cuatro soldados se lo llevan fuera por la puerta y el director decide que deben estar los dos lanceros sobre el escenario.
Así, de pronto, estamos también en el primer acto, y ¡sorpresa! Cuando salen los soldados con el cuerpo por las enormes puertas traseras, nosotros rompemos formación, en lo que será posiblemente la única vez en toda la ópera, y salimos detras de ellos con porte y paso marcial. No lo podemos creer, vamos a movernos por el escenario. Ensayamos varias veces el cambio de mano de la lanza y la posición y movimientos mientras los soldados prueban una manera eficaz y segura de alzar al príncipe sin peligro de que se las caiga. No da tiempo para más, el ensayo por hoy ha terminado. Son las 9,30, y cada uno corre ya para su casa.
Pese a que hay algunas ausencias (falta Pong, y una de la figurantes esta mala del estomago y tampoco ha podido venir) comenzamos sin dilación desde el momento de los tres enigmas. Todo sigue como siempre, excepto por las enormes puertas que han colocado en el decorado y que se corren hacia los lados para dejar acceso a la zona en la que se encuentra el emperador. El problema es que estan acabadas de poner y aún existe un hueco bastante grande en el suelo donde estan las puertas y que los solistas y actores deben saltar para no caer por el hueco desde una considerable altura. La cover de Turandot va a cantar ahora así que tendremos la oportunidad de escucharla. Volvemos a tener presencia solista en los balcones de las chicas, esta vez más descarada, pues ya no se contentan con hablarles desde abajo y suben sin ningun tipo de pudor a saludar y presentarse. Lo bueno es que el ensayo parece avanzar deprisa y tras parar solo en un par de ocasiones para corregir posiciones y dar nuevas instrucciones llegamos al final del acto. Ha sido rápido e indoloro. Nos dan veinte minutos de descanso y ya nos avisan de que después volveremos a pasarlo todo de nuevo, esta vez sin interrupciones. Devolvemos las lanzas a los chicos de utilería y bajamos corriendo a merendar al sol junto a la piscina.
De nuevo en el escenario. Lanza en mano, codos levantados y mirada al frente. Se nos avisa de que vamos a ver toda la segunda escena completa. La solista ya ha reemplazado a la cover y se prepara. A una orden del director la pianista repertorista ataca los primeros acordes, los soldados comienzan a desfilar y la música nos envuelve. Y en cuanto nos hemos descuidado, absortos en cada nota, en cada frase, el acto está ya terminado. Algunos de los solistas aprovechan el momento posterior para hacer nuevos acercamientos. Oigo a uno de ellos cantando ¿la cucaracha? Por suerte, nos mandan a platea y se preparan para repasar el principio del primer acto. El solista de la cucaracha se coloca a mi lado y me pregunta la altura. Es apenas tres centimetros más bajo que yo y bromea con una chica del coro al respecto. Como veo que sobro, me despido y bajo corriendo hacia los asientos.
Es la primera vez que vemos este acto, pues por ahora siempre habiamos estado con el segundo. Nos acomodamos en nuestros asientos y disfrutamos con la visión del escenario desde una posición tan diferente a la que tenemos mientras estamos arriba. Escuchar al coro resulta sobrecogedor, pone la piel de gallina y eso que por ahora el acompañamiento es todavía el piano. No quiero imaginarme como debe ser oirlo con la orquesta. Desgraciadamente dura poco, ya han pasado las tres horas de trabajo que tiene estipulado el coro y se despiden a toda prisa.

Son las 7,15 y tenemos veinticinco minutos de pausa. Juanjo se ha traido el domino y montamos partida en el camerino, y entre pitos dobles, pasos y cierros se nos hace la hora de volver otra vez arriba. A nuestros asientos de platea en concreto. El director de escena trabaja con el verdugo y sus cuatro ayudantes, que le llevan la mortal aguja que usará para matar al príncipe de Persia, el agua con la que se lavará las manos y el paño con el que se las secará. El director pone mucho énfasis en este aspecto y dedica bastante tiempo a trabajar con el verdugo, que hace un trabajo de filigrana, en realidad, el único papel de actor interesante de toda la figuración. Cuando muere el principe de Persia, cuatro soldados se lo llevan fuera por la puerta y el director decide que deben estar los dos lanceros sobre el escenario.
Así, de pronto, estamos también en el primer acto, y ¡sorpresa! Cuando salen los soldados con el cuerpo por las enormes puertas traseras, nosotros rompemos formación, en lo que será posiblemente la única vez en toda la ópera, y salimos detras de ellos con porte y paso marcial. No lo podemos creer, vamos a movernos por el escenario. Ensayamos varias veces el cambio de mano de la lanza y la posición y movimientos mientras los soldados prueban una manera eficaz y segura de alzar al príncipe sin peligro de que se las caiga. No da tiempo para más, el ensayo por hoy ha terminado. Son las 9,30, y cada uno corre ya para su casa.
Diario de Turandot, 3
Día 3 (05/05/08): Acabamos de llegar a camerinos. Son las 4 de la tarde y ya estan casi todos. Yo hoy he venido cargado con mi traje y mis partituras dispuesto a quemar hasta el último barco con tal de cantar esta noche el Carmina Burana. Dejamos todos los trastos en la taquilla y subimos al escenario, donde nos dicen que toca esperar en platea. La suerte es que en unos minutos ya nos han llamado y vamos ocupando nuestras posiciones.
Hoy ha venido por primera vez el coro. No me hace mucha ilusión verlos, siempre me siento incómodo en su presencia, nos toca estar en guardia a perpetuidad, alerta por si a alguno le da por molestar y alegar que somos nosotros los que no dejamos trabajar. Pero bueno, paso sin mirar a nadie y me coloco en mi posición. Un miembro del equipo técnico me alcanza la consabida lanza. El ensayo va a empezar.
Hoy toca revisar de nuevo la segunda escena del segundo acto. Paramos muchas veces mientras los ayudantes de escena o el mismo director corrige posiciones o movimientos al coro y solistas. A nosotros poco tiene que decirnos al respecto... Es fascinante ver como trabaja, como explica detalladamente a Ping, Pang y Pong el transfondo, las motivaciones, qué espera de ellos, sin cortarse un pelo a la hora de moverse y representar para ellos lo que quiere decir. A ello se une la tranquilidad y seguridad que transmite. Me hago a mi mismo el propósito de tratar de aprender todo lo que pueda de este hombre.
Y sin que nos demos apenas cuenta, llega el primer descanso. Bajamos a la parte de abajo a merendar, jugar a las cartas y a comentar el ensayo entre risas y bromas.

Es el momento. Aprovecho que la zona del escenario debe estar tranquila para subir y hablar con el stage manager y ver si se me permite acudir a cantar el Carmina Burana. Él transmite mi petición a los ayudantes de dirección y dialogan en privado durante unos minutos. Cuando vuelve trae ya la respuesta. ¡Voy a poder cantarlo! No puedo creerlo. El que no ha tenido suerte ha sido Zvonimir, que hace de soldado, y al que seguramente necesitaran para algo. Cuando se reanuda el ensayo a las 6 yo estoy pensando ya en el Carmina Burana. La tónica es la misma pero parece que algunos de los solistas ya se han fijado en las figurantes. En nada empezará el cortejo, es cuestión de tiempo.
Llegan las 7,15 y aún estamos en el momento de los enigmas. De todas maneras, el coro trabaja solo 3 horas diarias así que para ellos por hoy es suficiente. Nos dan otro descanso de 20 minutos que aprovecho para subir a la prueba acústica y comunicar al mestre la situación. En cuanto me descuido se me ha pasado ya el descanso y bajo corriendo otra vez al escenario. Me está empezando a agobiar tanto subir y bajar por los ascensores centrales. Abajo, ya más tranquilo todo por la ausencia del coro el ensayo continua, y el acercamiento de los solistas a la sección figuración es más evidente.
Pasadas ya las 8, aprovecho la primera pausa para escabullirme a camerinos y cambiarme a toda prisa. En nada ya estoy en formación para salir a cantar. Mi ensayo de Turandot de hoy ya ha terminado. Luego me entero de que al resto los han dejado salir media hora antes, a las 9,45. No se me ha echado en falta, como ya se podía suponer. El montaje de Turandot sigue sin contratiempos.
Hoy ha venido por primera vez el coro. No me hace mucha ilusión verlos, siempre me siento incómodo en su presencia, nos toca estar en guardia a perpetuidad, alerta por si a alguno le da por molestar y alegar que somos nosotros los que no dejamos trabajar. Pero bueno, paso sin mirar a nadie y me coloco en mi posición. Un miembro del equipo técnico me alcanza la consabida lanza. El ensayo va a empezar.
Hoy toca revisar de nuevo la segunda escena del segundo acto. Paramos muchas veces mientras los ayudantes de escena o el mismo director corrige posiciones o movimientos al coro y solistas. A nosotros poco tiene que decirnos al respecto... Es fascinante ver como trabaja, como explica detalladamente a Ping, Pang y Pong el transfondo, las motivaciones, qué espera de ellos, sin cortarse un pelo a la hora de moverse y representar para ellos lo que quiere decir. A ello se une la tranquilidad y seguridad que transmite. Me hago a mi mismo el propósito de tratar de aprender todo lo que pueda de este hombre.
Y sin que nos demos apenas cuenta, llega el primer descanso. Bajamos a la parte de abajo a merendar, jugar a las cartas y a comentar el ensayo entre risas y bromas.
Es el momento. Aprovecho que la zona del escenario debe estar tranquila para subir y hablar con el stage manager y ver si se me permite acudir a cantar el Carmina Burana. Él transmite mi petición a los ayudantes de dirección y dialogan en privado durante unos minutos. Cuando vuelve trae ya la respuesta. ¡Voy a poder cantarlo! No puedo creerlo. El que no ha tenido suerte ha sido Zvonimir, que hace de soldado, y al que seguramente necesitaran para algo. Cuando se reanuda el ensayo a las 6 yo estoy pensando ya en el Carmina Burana. La tónica es la misma pero parece que algunos de los solistas ya se han fijado en las figurantes. En nada empezará el cortejo, es cuestión de tiempo.
Llegan las 7,15 y aún estamos en el momento de los enigmas. De todas maneras, el coro trabaja solo 3 horas diarias así que para ellos por hoy es suficiente. Nos dan otro descanso de 20 minutos que aprovecho para subir a la prueba acústica y comunicar al mestre la situación. En cuanto me descuido se me ha pasado ya el descanso y bajo corriendo otra vez al escenario. Me está empezando a agobiar tanto subir y bajar por los ascensores centrales. Abajo, ya más tranquilo todo por la ausencia del coro el ensayo continua, y el acercamiento de los solistas a la sección figuración es más evidente.
Pasadas ya las 8, aprovecho la primera pausa para escabullirme a camerinos y cambiarme a toda prisa. En nada ya estoy en formación para salir a cantar. Mi ensayo de Turandot de hoy ya ha terminado. Luego me entero de que al resto los han dejado salir media hora antes, a las 9,45. No se me ha echado en falta, como ya se podía suponer. El montaje de Turandot sigue sin contratiempos.
sábado, 3 de mayo de 2008
Diario de Turandot, 2
Día 2 (03/05/08): Sabado tarde. Hace calor en la calle y una modorrilla muy dulce se venía apoderando de nosotros mientras veniamos en el bus. Son las 3,45 y hemos llegado con media hora de antelación, por falta de experiencia con los horarios de la EMT en fin de semana. Obviamente no hay nadie en ningún camerino, y seguramente aún tardarán en llegar. Mi hermano se tumba a descansar sobre el banco y yo aprovecho para hacerle fotos y perrear por los pasillos. Mientras, la gente empieza a aparecer poco a poco.
A las 4,15 justas, nos encontramos ya en los hombros del escenario. Hoy hemos sido convocados una docena de figurantes: los cuatro eunucos que asisten al emperador, las seis bellezas que asisten a Turandot y los dos fornidos e intrépidos guardias imperiales. ¿Estamos todos? No, falta Ximo. La ayudante de producción lo llama insistentemente al móvil pero no consigue hacerse con él. Mientras se le espera, a las seis bellezas y a los dos guardias se nos manda a platea a ver el ensayo porque todavía no se nos necesita. Al final, con media hora de retraso aparece Ximo y el ensayo comienza.
Se trata de la segunda escena del segundo acto, en la que Calaf se enfrenta a los enigmas de la princesa de hielo. Después de un buen rato viendo repetir una y otra vez lo mismo, empezamos a inventar traducciones alternativas a los diálogos, o a buscar parecidos razonables (¿ese solista no se parece a Joselito?). Esta resulta ser la mejor manera de pasar el largo tiempo de espera, pues pese a que venía con la intención de tomar notas sobre la manera de trabajar del maestro Chen, tras media hora no hay mucho más que rascar, al menos en esta parte de la escena. Como el que no quiere la cosa hemos llegado a las 6,15 sin hacer absolutamente nada de provecho. Nos dan veinte minutos de descanso.
Subimos a la cafetería y charramos un ratillo. Ximo nos pone al día de la razón de su retraso: la ayudante de producción envió la tablilla de horarios para hoy con un error, y en los mensajes al móvil que le llegaron no constaba la hora, con lo que él, siguiendo la tablilla pensaba acudir a las 17,45. Pese a no ser culpa suya, se ha comido nada más llegar una bronca monumental de los ayudantes de dirección, que no le han dado ni la opción de explicarse. Pero en fin, somos figurantes y estas cosas de que nos chillen y nos tiren broncas, aunque sea de manera injustificada, van con el trabajo. Ximo que ya es perro viejo sabe como está el patio y le resbala un poco todo.
Son las 6,35 y ya estamos de nuevo ensayando. ¿Ensayando? Tampoco. Han llamado ya a las seis bellezas, y las colocan por el escenario. Solo quedamos en platea los dos guardias imperiales muertos del asco. Parece que el ensayo va a continuar desde donde lo dejamos. Aguanto las dos primeras repeticiones: tras oír por tercera vez "volvemos al número cuarenta y nueve" un profundo sopor se apodera de mi.
Cuando abro los ojos después de varias cabezadas siguen por el mismo número. Son las 8,30. Y seguimos sentados en platea. Pero por fin nos llaman. Menos mal, ya pensabamos que nos habian traido por placer. Bajamos las escaleras y subimos por la escalerilla auxiliar. Uno de los ayudantes de dirección viene a hablar con nosotros. Nos dice que se había olvidado de nosotros, que debiamos haber estado en el escenario desde el principio. Nos lleva hasta la parte alta de la escalinata y nos señala nuestras posiciones. También nos dice que no hace falta que nos coloquemos, que el ensayo ha terminado. Nuestra cara es de absoluta incredulidad. Nos acercamos al resto de figurantes que estan sentados junto al divan del emperador. Comentan el ensayo de hoy. Un par de chicas han sido citadas por error, y deberian estar en sus casas y en su lugar debería haber otras dos chicas, la tablilla erronea sigue dando que hablar, nuestro caso indigna a más de uno y así un sinfín de pequeñas cosas que estan empezando a erosionar la moral de la figuración, y estamos en el segundo día. Uuuuuf, vamos a necesitar paciencia, mucha paciencia. A las nueve menos cuarto, salimos en dirección a casa con la sensación de que nos han tomado el pelo.
Al llegar a casa, aún aguarda una última sorpresa. El lunes uno de los coros a los que pertenezco debe cantar el Carmina Burana en el mismo teatro, pero en otra sala, a partir de las 8,30 de la noche, con tan mala suerte que tenemos ensayo de Turandot ese mismo día y en horario coincidente. Pues bien, esta noche he sido notificado de que nuestra petición de abandonar temporalmente el ensayo a las 8 de la tarde para poder cantar el Carmina Burana, siendo como es que tan solo sujetamos una lanza, ha sido rechazada con argumentos bastante vagos. Conclusión, menos mal que mañana tenemos día libre...
Se trata de la segunda escena del segundo acto, en la que Calaf se enfrenta a los enigmas de la princesa de hielo. Después de un buen rato viendo repetir una y otra vez lo mismo, empezamos a inventar traducciones alternativas a los diálogos, o a buscar parecidos razonables (¿ese solista no se parece a Joselito?). Esta resulta ser la mejor manera de pasar el largo tiempo de espera, pues pese a que venía con la intención de tomar notas sobre la manera de trabajar del maestro Chen, tras media hora no hay mucho más que rascar, al menos en esta parte de la escena. Como el que no quiere la cosa hemos llegado a las 6,15 sin hacer absolutamente nada de provecho. Nos dan veinte minutos de descanso.
Subimos a la cafetería y charramos un ratillo. Ximo nos pone al día de la razón de su retraso: la ayudante de producción envió la tablilla de horarios para hoy con un error, y en los mensajes al móvil que le llegaron no constaba la hora, con lo que él, siguiendo la tablilla pensaba acudir a las 17,45. Pese a no ser culpa suya, se ha comido nada más llegar una bronca monumental de los ayudantes de dirección, que no le han dado ni la opción de explicarse. Pero en fin, somos figurantes y estas cosas de que nos chillen y nos tiren broncas, aunque sea de manera injustificada, van con el trabajo. Ximo que ya es perro viejo sabe como está el patio y le resbala un poco todo.
Son las 6,35 y ya estamos de nuevo ensayando. ¿Ensayando? Tampoco. Han llamado ya a las seis bellezas, y las colocan por el escenario. Solo quedamos en platea los dos guardias imperiales muertos del asco. Parece que el ensayo va a continuar desde donde lo dejamos. Aguanto las dos primeras repeticiones: tras oír por tercera vez "volvemos al número cuarenta y nueve" un profundo sopor se apodera de mi.
Cuando abro los ojos después de varias cabezadas siguen por el mismo número. Son las 8,30. Y seguimos sentados en platea. Pero por fin nos llaman. Menos mal, ya pensabamos que nos habian traido por placer. Bajamos las escaleras y subimos por la escalerilla auxiliar. Uno de los ayudantes de dirección viene a hablar con nosotros. Nos dice que se había olvidado de nosotros, que debiamos haber estado en el escenario desde el principio. Nos lleva hasta la parte alta de la escalinata y nos señala nuestras posiciones. También nos dice que no hace falta que nos coloquemos, que el ensayo ha terminado. Nuestra cara es de absoluta incredulidad. Nos acercamos al resto de figurantes que estan sentados junto al divan del emperador. Comentan el ensayo de hoy. Un par de chicas han sido citadas por error, y deberian estar en sus casas y en su lugar debería haber otras dos chicas, la tablilla erronea sigue dando que hablar, nuestro caso indigna a más de uno y así un sinfín de pequeñas cosas que estan empezando a erosionar la moral de la figuración, y estamos en el segundo día. Uuuuuf, vamos a necesitar paciencia, mucha paciencia. A las nueve menos cuarto, salimos en dirección a casa con la sensación de que nos han tomado el pelo.
Al llegar a casa, aún aguarda una última sorpresa. El lunes uno de los coros a los que pertenezco debe cantar el Carmina Burana en el mismo teatro, pero en otra sala, a partir de las 8,30 de la noche, con tan mala suerte que tenemos ensayo de Turandot ese mismo día y en horario coincidente. Pues bien, esta noche he sido notificado de que nuestra petición de abandonar temporalmente el ensayo a las 8 de la tarde para poder cantar el Carmina Burana, siendo como es que tan solo sujetamos una lanza, ha sido rechazada con argumentos bastante vagos. Conclusión, menos mal que mañana tenemos día libre...
viernes, 2 de mayo de 2008
Diario de Turandot, 1
Día 1 (02/05/08): Ya hay nervios. ¡Primer día! Estamos citados a las cinco y media, pero llegamos a control de seguridad diez minutos antes. Una docena de personas ya está allí esperando mientras comentan con excitación lo que han oído o les ha contado alguien sobre esta ópera. Abrazos y saludos a los amigos, y presentaciones con los nuevos. Un solecito cálido ilumina la zona donde nos encontramos y alegra la espera. Mientras, la ayudante de producción ha aparecido y nos ha dado la hojita tradicional con las prohibiciones, recomendaciones, y obligaciones de todo buen figurante.
En cuanto nos han reunido a todos, nos guían hacia los camerinos. ¡Novedad! Por primera vez en un año largo estamos en el F2 (que por otra parte es idéntico al F3 que siempre hemos ocupado). El inconveniente es que vamos a ser 22 tíos en el mismo camerino, mientras solo 8 chicas ocupan el F1. No quiero pensar en como nos las vamos a apañar para cambiarnos, maquillarnos, o movernos todos al mismo tiempo, por no hablar del olor que hará los días de función... Aparece una chica con enormes sobres en los que viene la hoja para firmar por las llaves de taquilla (ya sabéis, chicos, si perdéis la llave os descontamos 30 euros) y la llave misma. Nos va nombrando y vamos recogiendo nuestros sobres. Me toca la 19, al lado de la de mi hermano, y cerca de los aseos y de los monitores. No nos vamos a quejar. Podía haberme tocado alguna taquilla que tiene la cerradura rota, o me podían haber dado la misma taquilla que a otro, como les ha pasado a Jose y al señor mayor que iba a hacer de verdugo.

Se supone que el ensayo empieza a las 6, pero están llegando las 6,30 y aún no nos han avisado para subir al escenario. La gente empieza a incomodarse. Mientras, nos hemos repartido por todo el camerino en grupos mas o menos diversos y charramos de mil cosas diferentes. Al final, la ayudante de producción nos dice que podemos subir a la cafetería, que un regidor vendrá a avisarnos cuando se nos necesite.
Son las 8,30 de la tarde. Llevamos dos horas en la cafetería sin hacer absolutamente nada. Al llegar la gente se salió fuera, a la terraza, a fumar, hablar y aprovechar el poco sol que aún quedaba excepto cinco que decidimos atrincherarnos junto a la maquina de comida. Como siempre, acabamos cantando trozos de Simon Boccanegra, o de las Bodas de Figaro, recordando los mejores momentos o los más graciosos, o a aquel figurante que ya hace tiempo que no vemos. Vamos charla de abuelos. Poco a poco la gente ha ido entrando y se ha ido incorporando a nuestro grupo. Se agradece que seamos más, no se nota tanto el rollo sexual como en las bodas.
Al fin hemos sido avisados. Son las 9,15 y ya estamos en los hombros del escenario. Los solistas que interpretan a Ping, Pang y Pong ensayan la primera escena del segundo acto. Nos toca esperar un rato más. Pero después de todo ya estamos pisando el escenario. Primera impresión, ¡brutal! El decorado que aún está a medio montar es impresionante. Parece que estamos mismamente en China. Han usado todo el escenario y también la chácena para recrear el palacio imperial de Pekin. Nos presentan a los ayudantes de escena (3 nada más y nada menos), y después de unas instrucciones básicas nos presentan al director, Chen Kaige, uno de los maestros actuales del cine chino, y ganador de la Palma de Oro de Cannes por Adiós a mi concubina. Tenía ya ganas de verlo en persona.
Nos hacen ponernos en fila y reparten los papeles. Y aquí viene lo que no me gusta. A mi hermano y a mí nos toca de guardias del Emperador. Eso significa que solo apareceremos cuando salgan el Emperador o Turandot y nuestra loable y encomiable misión si nada lo impide, será la de sostener imperturbablemente una lanza. Con esto, se ha cumplido el tiempo y nos han mandado para casa, no sin antes anunciar quien ensaya mañana y quien no. Y como no podía ser de otra manera, a los dos lanceros de Pekin les toca currar mañana. Un poco apenados, por el rol que nos ha tocado, y por no poder librar mañana como la inmensa mayoría de los figurantes, hemos acabado el ensayo de hoy. Son las 10,30 de la noche y si no nos damos prisa nos quedamos sin bus para volver a casa.
En cuanto nos han reunido a todos, nos guían hacia los camerinos. ¡Novedad! Por primera vez en un año largo estamos en el F2 (que por otra parte es idéntico al F3 que siempre hemos ocupado). El inconveniente es que vamos a ser 22 tíos en el mismo camerino, mientras solo 8 chicas ocupan el F1. No quiero pensar en como nos las vamos a apañar para cambiarnos, maquillarnos, o movernos todos al mismo tiempo, por no hablar del olor que hará los días de función... Aparece una chica con enormes sobres en los que viene la hoja para firmar por las llaves de taquilla (ya sabéis, chicos, si perdéis la llave os descontamos 30 euros) y la llave misma. Nos va nombrando y vamos recogiendo nuestros sobres. Me toca la 19, al lado de la de mi hermano, y cerca de los aseos y de los monitores. No nos vamos a quejar. Podía haberme tocado alguna taquilla que tiene la cerradura rota, o me podían haber dado la misma taquilla que a otro, como les ha pasado a Jose y al señor mayor que iba a hacer de verdugo.
Se supone que el ensayo empieza a las 6, pero están llegando las 6,30 y aún no nos han avisado para subir al escenario. La gente empieza a incomodarse. Mientras, nos hemos repartido por todo el camerino en grupos mas o menos diversos y charramos de mil cosas diferentes. Al final, la ayudante de producción nos dice que podemos subir a la cafetería, que un regidor vendrá a avisarnos cuando se nos necesite.
Son las 8,30 de la tarde. Llevamos dos horas en la cafetería sin hacer absolutamente nada. Al llegar la gente se salió fuera, a la terraza, a fumar, hablar y aprovechar el poco sol que aún quedaba excepto cinco que decidimos atrincherarnos junto a la maquina de comida. Como siempre, acabamos cantando trozos de Simon Boccanegra, o de las Bodas de Figaro, recordando los mejores momentos o los más graciosos, o a aquel figurante que ya hace tiempo que no vemos. Vamos charla de abuelos. Poco a poco la gente ha ido entrando y se ha ido incorporando a nuestro grupo. Se agradece que seamos más, no se nota tanto el rollo sexual como en las bodas.
Al fin hemos sido avisados. Son las 9,15 y ya estamos en los hombros del escenario. Los solistas que interpretan a Ping, Pang y Pong ensayan la primera escena del segundo acto. Nos toca esperar un rato más. Pero después de todo ya estamos pisando el escenario. Primera impresión, ¡brutal! El decorado que aún está a medio montar es impresionante. Parece que estamos mismamente en China. Han usado todo el escenario y también la chácena para recrear el palacio imperial de Pekin. Nos presentan a los ayudantes de escena (3 nada más y nada menos), y después de unas instrucciones básicas nos presentan al director, Chen Kaige, uno de los maestros actuales del cine chino, y ganador de la Palma de Oro de Cannes por Adiós a mi concubina. Tenía ya ganas de verlo en persona.
Nos hacen ponernos en fila y reparten los papeles. Y aquí viene lo que no me gusta. A mi hermano y a mí nos toca de guardias del Emperador. Eso significa que solo apareceremos cuando salgan el Emperador o Turandot y nuestra loable y encomiable misión si nada lo impide, será la de sostener imperturbablemente una lanza. Con esto, se ha cumplido el tiempo y nos han mandado para casa, no sin antes anunciar quien ensaya mañana y quien no. Y como no podía ser de otra manera, a los dos lanceros de Pekin les toca currar mañana. Un poco apenados, por el rol que nos ha tocado, y por no poder librar mañana como la inmensa mayoría de los figurantes, hemos acabado el ensayo de hoy. Son las 10,30 de la noche y si no nos damos prisa nos quedamos sin bus para volver a casa.
jueves, 1 de mayo de 2008
XXIX
29
29
como el cobre,
como febrero en los
años bisiestos,
29
29
como el cobre,
como febrero en los
años bisiestos,
29
29 deseos,
29 estrellas,
29 mundos por descubrir,
29 viajes por hacer
29 años
Porque aún te queda muchísima vida por delante
¡Felicidades guapísima!
miércoles, 30 de abril de 2008
Solo unas lineas
Solo unas lineas cada noche. Apenas dos, o tres, o quizás veinte, o cien (siempre me olvido de contar). A veces no es ni de noche, me vale una tarde o un ratillo antes de comer. Lo importante, lo que realmente me apetece, es sentarme y escribir. Escribir esas pocas lineas a las que me estoy haciendo adicto.
A temporadas, no paro un segundo, y me paso unos días sin escribir nada. Sí, sé que es una excusa muy mala, pero algo de razón sí hay. Vamos, que no es por falta de ganas. A cambio, acepto cualquier cosa. Desde una manada de pingüinos hasta la sonrisa de una chica guapa. Eso sí, prometo no abandonar mi costumbre de escribir esas pocas lineas. Porque sin eso, ¿que me queda?
A temporadas, no paro un segundo, y me paso unos días sin escribir nada. Sí, sé que es una excusa muy mala, pero algo de razón sí hay. Vamos, que no es por falta de ganas. A cambio, acepto cualquier cosa. Desde una manada de pingüinos hasta la sonrisa de una chica guapa. Eso sí, prometo no abandonar mi costumbre de escribir esas pocas lineas. Porque sin eso, ¿que me queda?
viernes, 25 de abril de 2008
Padre putativo
Que ella estaba embarazada de varios meses era más que evidente. Y también que eran más de los dos meses que ellos llevaban casados. Recordó lo que le había dicho su madre, que su mujer no era trigo limpio y que solo le iba a traer desgracias, y deseó haber hecho caso a la pobre mujer cuando aún no era tarde. Además, ella al principio lo había negado todo, para más tarde derrumbarse y confesar alguna media verdad que lo había dejado aún más hundido. Ahora se empeñaba en repetir una y otra vez una historia absurda e inverosímil que caía por su propio peso, como si lo creyera tonto y fácil de engañar.
La verdad es que la boda tampoco le había venido mal a él. Su suegro, el señor Joaquín, le había dado el dinero para montar su propio negocio, una carpintería en el centro del pueblo, y la señora Ana, su suegra, les llenaba la despensa cada vez que pasaba a verlos. Con su aval habían conseguido el dinero para poder comprar la casa, y bueno, parecían contar con bastantes ahorros que irían a pasar a su única hija cuando faltaran. Pensó que ya sabía lo que debía hacer.
Así que, comiéndose toda su mala leche, puso cara bobalicona y preguntó con mucha tranquilidad:
- ¿Estás segura de que se te apareció un ángel, María?
Y ella, con un súbito brillo de esperanza en los ojos le dijo sin parpadear:
- ¡Como lo oyes, José!
La verdad es que la boda tampoco le había venido mal a él. Su suegro, el señor Joaquín, le había dado el dinero para montar su propio negocio, una carpintería en el centro del pueblo, y la señora Ana, su suegra, les llenaba la despensa cada vez que pasaba a verlos. Con su aval habían conseguido el dinero para poder comprar la casa, y bueno, parecían contar con bastantes ahorros que irían a pasar a su única hija cuando faltaran. Pensó que ya sabía lo que debía hacer.
Así que, comiéndose toda su mala leche, puso cara bobalicona y preguntó con mucha tranquilidad:
- ¿Estás segura de que se te apareció un ángel, María?
Y ella, con un súbito brillo de esperanza en los ojos le dijo sin parpadear:
- ¡Como lo oyes, José!
-o-o-o-o-o-
Texto parido anoche durante el ensayo general del Maravilloso Misterio de la Asunción de la Virgen María, en Castellón. Y digo durante en su sentido literal de 'mientras se producía el ensayo general'. Así de aburridos estábamos todos. Resumo en que consiste el famoso Misterio: la virgen se muere, vienen todos los apóstoles y le dan sepultura, y cuando llega Tomas tres días después (ay, Tomas, siempre tarde, siempre tarde) abren el sepulcro y no hay nadie. Y para eso una hora y media...
martes, 22 de abril de 2008
Mi fallera
Quiero hablaros de un vergonzoso secreto. Algo que ha estado dentro de mí, escondido, demasiado tiempo y que puede sorprender y aterrar a aquellos que me conocen. Sin embargo, ha llegado el momento, necesito confesarme, porque yo...
Sí, sí, sé lo que estais pensando y no tengo excusa. Me siento sucio aunque hace tanto de ello...
En concreto, una decada. Diez largos años en los que, en mi memoria, los apasionados sentimientos por la que llamaré mi fallera, han logrado permanecer para vergüenza propia y escarnio ajeno.
La encontré una tarde de marzo de 1998 en la plaza del Pilar, de manera totalmente casual, y enseguida quedé prendido de su dulce rostro. Ella no me vió, tenía los ojos cerrados y esa enigmática sonrisa, tan misteriosa como la de la Gioconda. Supuse que descansaba de los innumerables actos que pueblan las semana de Fallas, y que agotan al más pintado. Solo más tarde supe que en realidad se había quedado dormida, con su traje, su moño y todos los adornos que completan la indumentaria tradicional, sentada sencillamente allí, a la vista de todos. Sin yo saberlo, había caido perdidamente enamorado de ella. Volví cada vez que tuve un rato a aquella plaza, buscandola, buscando su sonrisa, su fino cuello, sus pequeñas pecas, su piel fresca y suave, buscando (¿porque no?) un beso de esos dulces labios.
Aquellas fueron las primeras y las últimas fallas en las que lloré. Pero no lo hice porque se terminaban, ni porque al fin la fiesta me hubiera henchido con su espíritu, el espíritu del fuego. Lloré simple y llanamente porque esas fallas la perdí para siempre. La noche de san José no acudí como de costumbre a mi cita con ella. No tuve valor.
No hubiera soportado ver como la quemaban...
... estuve enamorado de una fallera.
Sí, sí, sé lo que estais pensando y no tengo excusa. Me siento sucio aunque hace tanto de ello...
En concreto, una decada. Diez largos años en los que, en mi memoria, los apasionados sentimientos por la que llamaré mi fallera, han logrado permanecer para vergüenza propia y escarnio ajeno.
-o-o-o-
La encontré una tarde de marzo de 1998 en la plaza del Pilar, de manera totalmente casual, y enseguida quedé prendido de su dulce rostro. Ella no me vió, tenía los ojos cerrados y esa enigmática sonrisa, tan misteriosa como la de la Gioconda. Supuse que descansaba de los innumerables actos que pueblan las semana de Fallas, y que agotan al más pintado. Solo más tarde supe que en realidad se había quedado dormida, con su traje, su moño y todos los adornos que completan la indumentaria tradicional, sentada sencillamente allí, a la vista de todos. Sin yo saberlo, había caido perdidamente enamorado de ella. Volví cada vez que tuve un rato a aquella plaza, buscandola, buscando su sonrisa, su fino cuello, sus pequeñas pecas, su piel fresca y suave, buscando (¿porque no?) un beso de esos dulces labios.
Aquellas fueron las primeras y las últimas fallas en las que lloré. Pero no lo hice porque se terminaban, ni porque al fin la fiesta me hubiera henchido con su espíritu, el espíritu del fuego. Lloré simple y llanamente porque esas fallas la perdí para siempre. La noche de san José no acudí como de costumbre a mi cita con ella. No tuve valor.
No hubiera soportado ver como la quemaban...
jueves, 17 de abril de 2008
De ilusos
Él no podía entenderlo. La miraba hablar, agitar de manera vehemente los brazos, caminar de un lado para otro con expresión de ira, señalarle acusadoramente con el dedo. Él bajaba la vista de vez en cuando y sus dedos pasaban veloces las páginas del grueso volumen sin encontrar lo que andaban buscando, mientras ella, la cara roja de furia, descargaba sobre él todo un torrente de improperios.
Al final, confuso y avergonzado, cerró el libro, y pensó para sí:
- Definitivamente, creo que me han timado con este libro sobre como entender a las mujeres.
Al final, confuso y avergonzado, cerró el libro, y pensó para sí:
- Definitivamente, creo que me han timado con este libro sobre como entender a las mujeres.
lunes, 14 de abril de 2008
Felices 77
Hoy no es un día cualquiera. El aire no tiene el mismo olor, ni el sol brilla como lo ha hecho estos últimos días. Hoy es distinto. Hoy es tu aniversario.
Un día triste y alegre a partes iguales. Triste, porque en todos estos años has visto pasar hambre, miseria, guerras, dolor, vergüenza y muerte; porque has sido testigo del odio sin sentido, de la absurda estupidez destructiva del hombre y de su afan por aniquilar todo cuanto puede parecer una amenaza, y has vivido el drama de ver desposeidos de toda su dignidad a los tuyos.
Pero también un día alegre, porque pese al tiempo transcurrido, sigues entre nosotros, tan llena de vida como siempre; porque conservas intacta la inocencia con la que viniste al mundo, y porque tu momento está aún por llegar, y no será este año ni el que viene; quizás tengas que esforzarte en cumplir cien años o cientocincuenta o doscientos, pero llegará: el momento en el que te yergas de nuevo como hace tantos años y levantando la cabeza sonrias otra vez.
¡Felicidades, vieja y querida Segunda República Española!
Un día triste y alegre a partes iguales. Triste, porque en todos estos años has visto pasar hambre, miseria, guerras, dolor, vergüenza y muerte; porque has sido testigo del odio sin sentido, de la absurda estupidez destructiva del hombre y de su afan por aniquilar todo cuanto puede parecer una amenaza, y has vivido el drama de ver desposeidos de toda su dignidad a los tuyos.
Pero también un día alegre, porque pese al tiempo transcurrido, sigues entre nosotros, tan llena de vida como siempre; porque conservas intacta la inocencia con la que viniste al mundo, y porque tu momento está aún por llegar, y no será este año ni el que viene; quizás tengas que esforzarte en cumplir cien años o cientocincuenta o doscientos, pero llegará: el momento en el que te yergas de nuevo como hace tantos años y levantando la cabeza sonrias otra vez.
¡Felicidades, vieja y querida Segunda República Española!
domingo, 13 de abril de 2008
Abril
Las mañanicas de abril
dulces eran de dormir,
y las de mayo mejor
si no despertara amor.
La ocasión perdida, III, Lope de Vega
dulces eran de dormir,
y las de mayo mejor
si no despertara amor.
La ocasión perdida, III, Lope de Vega
Abril es un mes muy perro. Durante todo el día el sol brilla alto y deja una temperatura muy agradable que aguanta hasta bien entrada la noche. Pero las mañanas...
Las mañanas son frías. Y cuando temprano, la luz empieza a filtrarse por la ventana a la que, una vez más, he olvidado bajar la persiana, un escalofrío recorre mi cuerpo y no puedo evitar hacerme un ovillo bajo las mantas. Es en esas mañanas cuando, medio adormilado aún, alargo la mano buscando la cálida forma de tu cuerpo a mi lado, como si, iluso de mí, por el mero hecho de desearlo, alguna mañana, de forma inesperada, se pudiera cumplir. Pero solo encuentro la fría sabana. Cada mañana de este cruel abril.
Hoy he soñado contigo. Estábamos en una cafetería con mucha más gente. Yo te miraba como embobado, junto a mí, en una conversación que me hacía reír. Al cabo, avergonzado, bajaba la vista, y veía como dejabas, como al descuido, tu cabeza sobre mi hombro. El corazón me ha dado un vuelco, y me he despertado de golpe. Me he girado buscándote con la mano entre las sabanas pero, una vez más, no estabas ahí.
Solo había este maldito frío.
viernes, 4 de abril de 2008
Dolce musica
A veces, las cosas parecen conjugarse para darte, cuando menos lo esperas (que suele coincidir con cuando más lo necesitas) un precioso regalo que te da aire para seguir adelante y mirar el mundo de tú a tú. Y esta vez no podía haber llegado en mejor momento.
Como traído por el buen tiempo ese regalo ha venido en forma de ofrenda musical. Una ofrenda en la que caben desde Schubert con su Misa en Sol o el Intende Voci, hasta los Carmina Burana de Orff, pasando por Carmen de Bizet, o Daphnis et Chloé de Ravel, unido a un más que probable viaje a San Petersburgo para asistir a un taller coral. La dulce música invade cada rincón de mi vida, colmando de gozo cada minuto. Y cuando ya parecía que el regalo estaba completo cayó sobre el inmenso pastel la más apetecible guinda, Turandot de Puccini, la única en la que no me estará permitido cantar una sola nota, pero que pienso disfrutar como el que más.
Cuando la noche cae, y todo se va apagando poco a poco, mientras cierro los ojos lentamente y espero que Morfeo me arrastre, suaves cadenas de notas cruzan mi cabeza, hilando melodías otrora aprendidas, y mis labios se curvan en una sonrisa. Que suene la música...
Como traído por el buen tiempo ese regalo ha venido en forma de ofrenda musical. Una ofrenda en la que caben desde Schubert con su Misa en Sol o el Intende Voci, hasta los Carmina Burana de Orff, pasando por Carmen de Bizet, o Daphnis et Chloé de Ravel, unido a un más que probable viaje a San Petersburgo para asistir a un taller coral. La dulce música invade cada rincón de mi vida, colmando de gozo cada minuto. Y cuando ya parecía que el regalo estaba completo cayó sobre el inmenso pastel la más apetecible guinda, Turandot de Puccini, la única en la que no me estará permitido cantar una sola nota, pero que pienso disfrutar como el que más.
Cuando la noche cae, y todo se va apagando poco a poco, mientras cierro los ojos lentamente y espero que Morfeo me arrastre, suaves cadenas de notas cruzan mi cabeza, hilando melodías otrora aprendidas, y mis labios se curvan en una sonrisa. Que suene la música...
miércoles, 2 de abril de 2008
El tiempo de los cerezos
Ha vuelto ese tiempo, el tiempo de los cerezos, del azahar, de las risas azules y las puertas abiertas, de las sabanas blancas bailando sobre el verde césped.
Me encanta bajar a la calle y notar la brisa fresca envolverme y recorrer mi cuerpo. El sol brilla como no se veía desde hace muchos meses, y acaricia la piel con un dulce hormigueo. Los arboles, el cielo azul, azul de un profundo que quita el aliento, la gente que camina por la calle arriba y abajo con un gesto diferente en la cara, con más alegría, con muchas más sonrisas.
Es difícil definir todo ese cúmulo de sensaciones, esas mudas promesas de lo que serán los próximos meses: paseos y excursiones por la playa (de día o de noche), tumbarse sobre la hierba a ver pasar las nubes, correr, subir, cantar, vivir. Me rindo en el propósito de ponerle palabras, tan solo voy a dejarme llevar y disfrutar de todo como si fuera la primera vez.
Así, el cambio que tanto esperaba ha llegado. Ya está aquí, y atrás quedan todas las cosas que me han ocurrido en esta última etapa. Todo lo bueno y todo lo malo. Lo que me quedará para siempre en la memoria y aquello que ya he olvidado. Tan solo tengo que concentrarme en este tiempo. Tan solo tengo que mirar los cerezos.
lunes, 10 de marzo de 2008
La partida
Cae otra vez la noche, vieja amiga y silenciosa compañera en este húmedo puerto, y yo, sentado sobre un frío noray, observo los castigados barcos que dormitan su sueño de vientos y aguas cálidas, tratando de decidir en cual de ellos proseguirá mi largo viaje.
Se que aún tengo tiempo, una semana más, quizás dos, pero no puedo evitar sentir la excitación de la aventura, de una nueva elección que ha de llevarme a un destino que aún ignoro, y que hará de este viaje algo completamente distinto.

Barcos en la noche. Balanceandose tranquilos con un suave movimiento del mar que arrulla a las gaviotas. Cientos de ellos esperando un nuevo día, un nuevo sol. No sé si podré esperar.
Se que aún tengo tiempo, una semana más, quizás dos, pero no puedo evitar sentir la excitación de la aventura, de una nueva elección que ha de llevarme a un destino que aún ignoro, y que hará de este viaje algo completamente distinto.

Barcos en la noche. Balanceandose tranquilos con un suave movimiento del mar que arrulla a las gaviotas. Cientos de ellos esperando un nuevo día, un nuevo sol. No sé si podré esperar.
domingo, 9 de marzo de 2008
Confusión de términos
-Adelante Manolo, estás en directo.
En la pantalla, Manolo aprieta el micro con ansiedad. Es su gran oportunidad para tratar de ascender en el mundillo de los informativos. Respira hondo y con su mejor sonrisa se lanza a recitar de memoria el texto que ha pasado toda la mañana escribiendo.
- ¡Hola Carlos! Aquí Manolo Hinojosa desde el Salón del Porno de Cogullada del Monte. Justo detrás de nosotros podemos comprobar como una pareja en estos momentos... -continua
Manolo sin inmutarse.
En segundo plano pero muy cerca de la cámara, sobre una tarima elevada se pueden ver varios pares de piernas cuyos cuerpos por encima de la rodilla permanecen fuera de plano, quizás para evitar herir susceptibilidades. Aun así esto no impide que los televidentes intuyan como los artistas estan tratando de realizar una postura realmente complicada que el público que rodea la tarima se encarga de vitorear. Manolo continua su aprendida perorata hasta que algo en su pinganillo auricular parece sacarlo de golpe de su estado de absoluta concentración.
- ¿Como? ¿Elecciones? ¿No era un reportaje sobre erecciones? -Manolo nota como su cara se ha puesto del color de la grana, y susurra en un hilillo de voz a la cámara: Gracias por todo. Devolvemos la conexión...
En la pantalla, Manolo aprieta el micro con ansiedad. Es su gran oportunidad para tratar de ascender en el mundillo de los informativos. Respira hondo y con su mejor sonrisa se lanza a recitar de memoria el texto que ha pasado toda la mañana escribiendo.
- ¡Hola Carlos! Aquí Manolo Hinojosa desde el Salón del Porno de Cogullada del Monte. Justo detrás de nosotros podemos comprobar como una pareja en estos momentos... -continua
Manolo sin inmutarse.
En segundo plano pero muy cerca de la cámara, sobre una tarima elevada se pueden ver varios pares de piernas cuyos cuerpos por encima de la rodilla permanecen fuera de plano, quizás para evitar herir susceptibilidades. Aun así esto no impide que los televidentes intuyan como los artistas estan tratando de realizar una postura realmente complicada que el público que rodea la tarima se encarga de vitorear. Manolo continua su aprendida perorata hasta que algo en su pinganillo auricular parece sacarlo de golpe de su estado de absoluta concentración.
- ¿Como? ¿Elecciones? ¿No era un reportaje sobre erecciones? -Manolo nota como su cara se ha puesto del color de la grana, y susurra en un hilillo de voz a la cámara: Gracias por todo. Devolvemos la conexión...
jueves, 6 de marzo de 2008
Libros, libros y más libros
Los hay a cientos, a miles, de todos los tamaños y colores, de misterio, de aventuras, de romances y de intrigas, históricos o cómicos, clásicos y modernos, de cualquier año, de cualquier editorial, en tapa dura o tapa blanda, incunables o los últimos best sellers, en pilas, montones, en pulcras estanterias o en humildes cajas de zapatos, pero siempre, libros.
¡Por fin ha vuelto la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión!
¡Por fin ha vuelto la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión!
martes, 4 de marzo de 2008
La dignidad
Este cuento trata sobre la dignidad. En concreto sobre la dignidad de los figurantes de ópera, y sobre como, cuando menos lo esperas, te tratan de despojar de ella.
Este cuento trata sobre doce actores que en una ópera se pasan toda la representación sobre el escenario, moviendose, corriendo, arrastrando, subiendo, bajando, moviendose, actuando, trabajando al fin y al cabo, y que llevan un mes acudiendo a ensayar entre seis y nueve horas cada dia. Y tambien trata sobre la gente de un coro, que apenas salen unos minutos en los actos uno y tres, que solo han ensayado con el resto del equipo tres veces durante menos de una hora y media, que tratan a los actores con prepotencia, y que ocupan por pura ignorancia las marcas y los espacios donde los demás estan trabajando.
¿Qué ocurre en este cuento? Que al final, cuando cae el telón, al acabar el último acto, todos se situan para saludar y los actores, tras una rápida reverencia desaparecen entre bambalinas para no ser vistos más, mientras los del coro, protagonistas según parece de esta ópera, restan junto a los solistas hasta que todo termina.
En este cuento, los actores se sienten indignados, no ya por el hecho de recibir más o menos aplausos, que es lo de menos (para casi todos), sino por que la manera de organizar los saludos es un indicador por el que medir el reconocimiento por parte del equipo de dirección de escena al trabajo realizado a lo largo de este duro mes que los actores han dedicado íntegramente a este montaje. Algunos actores piensan incluso que da la impresión de que salen a saludar tan solo por compromiso. Hay otros que consideran que toda la confianza que la directora de reposición se habia ganado, tras insistir en la importancia del trabajo de los actores, y su vital papel en el desarrollo del cómico argumento, ha desaparecido, y que quizas esa falta de confianza pueda influir en la confianza de los actores en su propio trabajo, y por ende, en la concentración durante las representaciones, y en última instancia sobre la calidad de las mismas. Y ya hay quien insinua, que quizás le entren mareos y no pueda acudir a esa pantomima de saludo que les ha sido preparada.
¿Como termina este cuento? El final, como en la vida real, no es feliz, pero tampoco es un final triste. Los actores, con humildad, asumen (pese a las alentadoras aunque falsas palabras de la directora de reposición) que están en el último peldaño de la escala del teatro, y que no tienen derecho a pedir nada, a desear nada, a esperar nada, a ser reconocidos como actores, a respirar sin permiso, pero como son profesionales, van a seguir dejándose la piel sobre el escenario, y tratando de superarse en cada función, porque los actores se han dado cuenta de que no necesitan que nadie les dé palmaditas en la espalda, ni que les diga enhorabuena (aunque siempre se agradece), porque sí, estan en el último peldaño de la escala, pero al menos tienen dignidad. Dignidad de figurante.
Este cuento trata sobre doce actores que en una ópera se pasan toda la representación sobre el escenario, moviendose, corriendo, arrastrando, subiendo, bajando, moviendose, actuando, trabajando al fin y al cabo, y que llevan un mes acudiendo a ensayar entre seis y nueve horas cada dia. Y tambien trata sobre la gente de un coro, que apenas salen unos minutos en los actos uno y tres, que solo han ensayado con el resto del equipo tres veces durante menos de una hora y media, que tratan a los actores con prepotencia, y que ocupan por pura ignorancia las marcas y los espacios donde los demás estan trabajando.
¿Qué ocurre en este cuento? Que al final, cuando cae el telón, al acabar el último acto, todos se situan para saludar y los actores, tras una rápida reverencia desaparecen entre bambalinas para no ser vistos más, mientras los del coro, protagonistas según parece de esta ópera, restan junto a los solistas hasta que todo termina.
En este cuento, los actores se sienten indignados, no ya por el hecho de recibir más o menos aplausos, que es lo de menos (para casi todos), sino por que la manera de organizar los saludos es un indicador por el que medir el reconocimiento por parte del equipo de dirección de escena al trabajo realizado a lo largo de este duro mes que los actores han dedicado íntegramente a este montaje. Algunos actores piensan incluso que da la impresión de que salen a saludar tan solo por compromiso. Hay otros que consideran que toda la confianza que la directora de reposición se habia ganado, tras insistir en la importancia del trabajo de los actores, y su vital papel en el desarrollo del cómico argumento, ha desaparecido, y que quizas esa falta de confianza pueda influir en la confianza de los actores en su propio trabajo, y por ende, en la concentración durante las representaciones, y en última instancia sobre la calidad de las mismas. Y ya hay quien insinua, que quizás le entren mareos y no pueda acudir a esa pantomima de saludo que les ha sido preparada.
¿Como termina este cuento? El final, como en la vida real, no es feliz, pero tampoco es un final triste. Los actores, con humildad, asumen (pese a las alentadoras aunque falsas palabras de la directora de reposición) que están en el último peldaño de la escala del teatro, y que no tienen derecho a pedir nada, a desear nada, a esperar nada, a ser reconocidos como actores, a respirar sin permiso, pero como son profesionales, van a seguir dejándose la piel sobre el escenario, y tratando de superarse en cada función, porque los actores se han dado cuenta de que no necesitan que nadie les dé palmaditas en la espalda, ni que les diga enhorabuena (aunque siempre se agradece), porque sí, estan en el último peldaño de la escala, pero al menos tienen dignidad. Dignidad de figurante.
lunes, 3 de marzo de 2008
Polillas
¿No habéis tenido nunca la terrible sensación de lo inevitable? De caminar, pese a la razón, pese a todas las señales, por un camino que lleva a un destino que tememos, y que seguramente acabará con una cicatriz más en nuestro pecho y un nuevo cuento triste de lunas llenas que nos acompañará para siempre.
Solo nos cabe esperar mirando aterrados como nuestros pasos nos guían, como polillas atontadas por la luz brillante de una sucia bombilla que una vez tras otras se lanzan al ardiente vidrio que les consumirá las alas y la vida, como ya ha hecho con su razón. Es ineluctable.
Y esto, también es verdad...
Solo nos cabe esperar mirando aterrados como nuestros pasos nos guían, como polillas atontadas por la luz brillante de una sucia bombilla que una vez tras otras se lanzan al ardiente vidrio que les consumirá las alas y la vida, como ya ha hecho con su razón. Es ineluctable.
Y esto, también es verdad...
miércoles, 27 de febrero de 2008
100.000
Esta mañana ha amanecido con una grata sorpresa. Por fin hemos alcanzado las 100.000 vistas al video de Los otros 300 en youtube. Esta cifra, que esperabamos con muchas ganas, va a ser la excusa perfecta para que montemos una fiestecita próximamente. Aun no tenemos clara la fecha, pero lo anunciaremos con antelación en la web de Doingthegamb.
Y como regalo, mientras ultimamos los cortos de Roleage, os dejo el primer microcorto de la serie Doingthegamb's Quick Guide to Make a Film, hoy con: La idea! Espero que lo disfruteis.
Y como regalo, mientras ultimamos los cortos de Roleage, os dejo el primer microcorto de la serie Doingthegamb's Quick Guide to Make a Film, hoy con: La idea! Espero que lo disfruteis.
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Una gran sonrisa
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