martes, 21 de febrero de 2012

La solución

Nach dem Aufstand des 17. Juni
ließ der Sekretär des Schriftstellerverbands
in der Stalinallee Flugblätter verteilen
auf denen zu lesen war, daß das Volk
das Vertrauen der Regierung verscherzt habe
Und es nur durch verdoppelte Arbeit
zurückerobern könne. Wäre es da
nicht doch einfacher, die Regierung
löste das Volk auf und
wählte ein anderes?

Die Lösung, Bertolt Brecht 
No puedo evitarlo. Leo una y otra vez noticias sobre lo que ocurre en Valencia, y veo videos uno detrás de otro sobre las terroríficas cargas policiales contra los manifestantes y me entran ganas de llorar. Eso y una sensación de impotencia y de vulnerabilidad. Y con cada comunicado oficial que aparece en los medios mi indignación sigue creciendo y la poca confianza o fe que pudiera tener en ese cascarón vacío en que se ha convertido la democracia española, se esfuma rauda por el sumidero. Y mientras, nuestros políticos, y los representantes de las fuerzas del orden aseguran que ellos representan la democracia y el estado de derecho, y que a los que nos quejamos el país nos dejará atrás. A nosotros los violentos, el enemigo...

Y no puedo evitar acordarme de un poema de Bertolt Brecht llamado Die Lösung (La Solución) escrito tras la violenta represión por parte de las fuerzas sovieticas en Alemania del Este el 17 de junio de 1953 y en el que en un sutilísimo ejercicio de la ironía criticaba la actitud institucional hacia el pueblo. La traducción del poema sería algo así:

Tras la sublevación del 17 de junio
el Secretario de la Unión de Escritores
hizo distribuir panfletos en la Stalinallee
en los que se podía leer, que el Pueblo
había perdido la confianza del Gobierno.
Y que solo con redoblado trabajo
podría recuperarla. ¿No sería
mucho más fácil si el Gobierno
disolviera el Pueblo y
eligiera otro?

sábado, 11 de febrero de 2012

Das Berlinale Gefühl


Subo la Friedrichstraße a buen ritmo y tras apenas cruzar el río y vislumbrar delante de mí los colores del Friedrichstadtpalast, noto como mi corazón se acelera y como fruto de la excitación, una sonrisa me sube a los labios. En la caja una cola no excesivamente larga (teniendo en cuenta que he llegado con hora y media de antelación) y junto a la entrada principal la alfombra roja con todos los focos encendidos, aunque es poco probable que alguien la utilice esta noche (nadie espera ver aparecer al maestro Eisenstein). Una corta espera y por fin tengo en la mano mi entrada: Octubre, con la sorpresa añadida de que la música la pone en directo la Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin. Mi primera entrada de este año, y confío en que no la última. Si bien por una pequeña pero adorable razón no voy a poder llevar el ritmo de películas del año pasado, voy a intentar de todas maneras dejarme imbuir por ese mágico sentimiento, esa sensación de formar parte de algo sensacional, ese espíritu de la Berlinale.

Una gran sonrisa

Hacia mucho que no me dejaba caer por aquí. Nunca me he olvidado de este rincón de mi alma, pero en algunas épocas de mi vida esta menos pre...